El paisaje que os propongo hoy es algo diferente a los que os tengo acostumbrados, porque en la variedad está el gusto, y porque hay que probar un poco de todo. Como comprenderéis, viviendo en una gran urbe como Madrid, no es el asfalto lo que más me tira a la hora de planificar un viaje, pero Nueva York está en otra dimensión. A mi parecer, es uno de esos lugares que no deberíamos perdernos.

Como también me relaciono con mucho tipo de gente, cuento con amigos – pocos – que odian todo lo que provenga de Estados Unidos. Hago esfuerzos por comprenderles, pero no lo consigo. Creo que se quedan en la superficie, en lo banal y en lo que nos cuentan los medios de desinformación. Les digo que vayan allí y que vean con sus propios ojos, que palpen y que respiren, que se formen su opinión personal y decidan luego, aunque no me hacen caso. En fin, ellos se lo pierden.

Yo sí he paseado por las calles de Nueva York, y por sus parques, y he visitado con asombro sus infinitos museos. Confío en que algo de todo eso vaya apareciendo de vez en cuando, por aquí o por mi otro blog.

Noviembre no es el mejor mes para visitar la ciudad de los rascacielos. El parque está precioso, es cierto, y no hacía demasiado frío aún, pero el cielo amanecía completamente cubierto de nubes y tuvimos lluvia durante los tres últimos días. Esta foto, del primer día parece contradecir lo anterior.





