domingo, 6 de noviembre de 2016

Mapas

“Cuando era pequeño tenia pasión por los mapas. Me pasaba horas y horas mirando Sudamérica, o África, o Australia, y me perdía en todo el esplendor de la exploración. En aquellos tiempos había muchos espacios en blanco en la tierra, y cuando veía uno que parecía particularmente tentador en el mapa (y cuál no lo parece), ponía mi dedo sobre él y decía: Cuando sea mayor iré allí”.

Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas.


Marcho de vacaciones, a rellenar un hueco de mi mapa particular. Nos vemos dentro de unos días.

viernes, 28 de octubre de 2016

Cumpleaños

La aventura es la única manera de robarle tiempo a la muerte.

Paul-Émile Victor, explorador, científico, etnógrafo y escritor francés, nacido en Ginebra.


Cumplo hoy 47 años, empeñado en esa lucha particular por ganar tiempo de calidad, con más ganas e ilusión que nunca. La guerra está perdida, pero nada me impide ir ganando batallas.

La foto es del Matterhorn, hecha desde el Eggishorn, usando un teleobjetivo.

viernes, 21 de octubre de 2016

Exposición: El Bosco en el Prado

Después de haber visitado el día anterior la muestra sobre Vivian Maier, dediqué la mañana del lunes a ver la que con 600.000 visitantes se ha convertido en la exposición más visitada del Museo del Prado, la dedicada al V centenario del fallecimiento del Bosco.

Mediado agosto, Madrid estaba vacío, pero los turistas siempre van a los mismos sitios, y me alegré de mantener mi carnet de amigo del Museo, que me permitió entrar sin hacer cola ni atenerme a un horario establecido.

Jheronimus van Aken, que firmaba algunos de sus cuadros – pocos – como  Jheronimus Bosch, fue conocido en España como el Bosco. Es un pintor de lo más original, hasta el punto de que no deja indiferente a nadie, generando todo tipo de especulaciones que en mi opinión están fuera de lugar. Prefiero las opiniones de los expertos a otras más peregrinas que le califican como un hereje o lo vinculan con la alquimia y otras prácticas.

Creo que el Bosco nos habla más de ética y de religión, y que además de en la Biblia se inspiró en otros textos, así como en las costumbres de la época que le tocó vivir. Para entender su obra hay que conocer primero cómo se vivía a finales del siglo XV. Solo así podremos descifrar, aunque sea por encima, una simbología abierta a muchas interpretaciones.

El catálogo, que incluye monografías de varios especialistas sobre sus posibles influencias, su técnica y los materiales empleados, es una joya que conviene leer con detenimiento.


El Bosco vino al mundo en Bolduque – una ciudad pequeña pero con cierta relevancia económica – alrededor de 1450, y falleció, supuestamente de cólera, en esa misma ciudad en 1516, dejándonos como legado un puñado de obras, la mayoría de las cuales fueron destruidas o se perdieron. Es mucho lo que se ignora sobre su vida, ya que muy pocos documentos han sobrevivido, pero sabemos que perteneció a la cuarta de seis generaciones de pintores y que murió sin descendencia después de un matrimonio que le permitió ascender socialmente y vivir con relativa comodidad.

En la exposición había demasiada gente, la mayoría agolpados frente a los cuadros más famosos, pero como estos eran precisamente los que posee el museo del Prado y puedo verlos cuando quiera, me centré en los que venían de fuera, que también eran interesantes y los tenía menos vistos.

La muestra seleccionada, agrupada en siete secciones, constaba de 53 obras, aunque no todas estaban atribuidas al pintor del Ducado de Brabante, las hay también de su taller, de seguidores suyos y de otros que quizás pudieron influirle.

Los expertos reconocen entre 21 y 25 pinturas  suyas además de una veintena de dibujos. Hay mucha controversia respecto a la autoría de varias de ellas y algunas, como La extracción de la piedra de la locura, La mesa de los pecados capitales o Las tentaciones de San Antonio Abad han sido recientemente atribuidas a su taller o a otros seguidores. El hecho de que haya varias copias de algunos cuadros tampoco ayuda a identificar los originales.

 ***

Dos semanas más tarde volví a la exposición, porque no me importa repetir cuando algo me gusta y porque nunca se sabe si tendré oportunidad de volver a ver las obras que andan desperdigadas por el mundo.

Tanto el catálogo como varios vídeos que hay en Youtube, nos ayudan a interpretar este mundo fantástico, que lejos de responder a la creación de un enajenado, se fundamenta en la literatura y en las costumbres de la época. La carga moral de sus pinturas es inmensa, y si nos muestra el pecado es como advertencia, ya que no muy lejos hallamos el castigo correspondiente.

Aunque ya terminó, os dejo un enlace con la página de la exposición por si queréis echar un vistazo.

En este enlace podéis ver algunos de los cuadros que conserva el Museo del Prado.

Y por último, otro enlace que me ha gustado mucho con una charla sobre la exposición, impartida por María Martín Sánchez, licenciada en Historia del Arte.

He preferido no poner fotos que no sean mías, pero los tres enlaces abundan en ellas.