martes, 21 de octubre de 2014

Rapperswill

Llevábamos seis días de lluvia continuada y ese domingo parecía que nos iba a dar un poco de respiro. Nada de sol, pero al menos no tendríamos que abrir los paraguas. Algo es algo, y aquí nos conformamos con poco.

Consultamos el mapa y vimos que Rapperswil estaba a cuarenta minutos en coche. Situado en la orilla noreste del lago de Zúrich, es un pueblo pequeño, pero con un casco histórico muy interesante.


Aparcamos junto a la estación de tren y nos internamos por las calles peatonales en busca del castillo, que como es habitual, se asienta en el punto más elevado.



Hay allí un numeroso grupo de gamos, aunque la mayoría estaban a orillas del lago, alejados de donde nos encontrábamos.


Desde aquí hay bonitas vistas del pueblo, del puente y del lago, aunque hoy no era el mejor momento para apreciarlas. Seguro que en días despejados se pueden ver las montañas nevadas.





Entramos en el patio de armas del castillo, que parece preparado para la celebración de eventos, pero el Museo Polaco estaba cerrado. El castillo es del siglo XIII.






Callejeando un poco llegamos hasta un buen restaurante donde reponer fuerzas al tiempo que probábamos una nueva cerveza.





Bajamos entonces hasta el dique que conecta ambas orillas del lago y estuvimos paseando por el puente de madera, el más largo de toda Suiza.





Rapperswil es conocida por sus rosas. Se supone que cada verano florecen unas 15.000, de 600 variedades, pero nosotros apenas vimos algunas sueltas aquí y allá. Se ve que teníamos ánimo de domingo.