lunes, 8 de febrero de 2016

Cine en Navidad

El 2015 ha sido el año en el que más películas nuevas he visto, 252, lo que en mi caso, que no paro quieto, es todo un récord. Pero la inmensa mayoría las he visionado en casa, cuando a mí lo que me gusta es disfrutarlas en el cine, en pantalla grande.

Esta pasada Navidad he aprovechado para ver unas cuantas, seis en concreto. Fue aterrizar, dejar la maleta y marchar al cine para ver El puente de los espías, de Spielberg, antes de que desapareciera de la cartelera, e hice bien, pues apenas éramos veinte en el patio de butacas. Es una película muy bien ambientada, pero hecha a mayor gloria de los estadounidenses, que no americanos. La historia es buena y está bien contada.


Han sido cintas tan diversas como Paulina, 45 años o la última de Star Wars. Las tres me decepcionaron. Las dos primeras porque no logré identificarme con los personajes, que estaban sin embargo, bien interpretados.

A la séptima entrega de La guerra de las galaxias le falla el guion, por mucho que los efectos sean buenos y la acción trepidante. Todo suena a ya visto, y sorprende demasiado poco. No es fácil retomar una historia que se remonta a varias décadas atrás, sobre todo si se presta más atención al marketing que al producto.

Me impresionó, en cambio, la actuación de Natalia de Molina en Techo y comida, aunque luego el guion nos cuente sólo una parte de la realidad, la que le interesa mostrar a los productores. Le resta algo de verosimilitud el que la protagonista sea tan buena y lo haga todo tan bien. No he visto a Inma Cuesta en La novia, pero el Goya de este año tenía nombre y apellidos.

Con pases de Star Wars cada hora y la sala de lleno en lleno, está claro por dónde transcurre el futuro de un cine convertido en puro espectáculo, en el que no hace falta pensar mucho. No seré yo quien critique los gustos del público, siempre que tengamos clara una cosa: obtendremos lo que deseemos tener, y si soñamos con una caja muy bien envuelta, pero vacía, eso vamos a conseguir.

Es algo que podemos hacer extensible a la mayoría de libros que se publican o a la televisión que nos enchufan. Allá cada uno. Por otro lado, si lo que queremos es ver las películas gratis, descargadas ilegalmente, entonces no podremos quejarnos de que las salas de cine estén medio vacías en cuanto la película no va acompañada de una publicidad agresiva. Los que dicen que el cine a cinco euros es caro son los mismos que se gastan 15 en una copa que les dura diez minutos, así que esa excusa no me vale. No es cuestión de dinero, sino de prioridades.

En el lado opuesto tenemos el Macbeth de Justin Kurzel, que no es para todo el mundo, ya que exige una atención que pocos están dispuestos a mantener. Sólo cuando la película termina te das cuenta del cuidado con el que está hecha, pero hay momentos en los que te gustaría que la acción transcurriese más rápido. No me atrevo a recomendarla, que conste.


Al final, lo mejor es que haya diversidad, pero me pregunto si seremos capaces de mantenerla o si por el contrario vivimos en una falsa abundancia de opciones.

domingo, 31 de enero de 2016

La alcaldesa de Madrid no lee mi blog

He descubierto, con gran tristeza por mi parte, que la alcaldesa de Madrid no lee mi blog. Bueno, en realidad se trata de su equipo, que ha confundido un par de biografías en su afán por cambiar el callejero de la capital.

De leer El corazón del escorpión sabrían que personas como Garbo, nombre en clave de Joan Pujol, ayudaron a salvar muchas vidas, y no los confundirían con otros. La falta de una educación adecuada ha motivado que se hayan cometido múltiples dislates, demostrando no sólo desconocimiento por la Historia de España, sino además cierto sesgo sospechoso.


Seguimos, por desgracia, ahondando en nuestras diferencias. Y no lo digo yo; son varios  los extranjeros que comentan aquí en Suiza, que en pocos países se detecta un nivel de odio tan elevado entre sus conciudadanos, como en la España actual.


En nuestras manos está revertir esta situación que sólo puede llevarnos al desastre. De nosotros depende que podamos construir un futuro mejor, basado en la tolerancia y en el respeto. Estudiar un poco, también ayuda.

jueves, 21 de enero de 2016

Madriz

Tengo una compañera de trabajo, suiza, que habla español muy bien y que dice que su madre es de Madriz, con zeta al final, signo inequívoco de que dice la verdad. Yo le insisto en que Madrid empieza con “M” y termina con “t”.

Cuando voy a la capital de España algún fin de semana, no dispongo de mucho tiempo, así que he aprovechado las vacaciones de Navidad para, además de estar con la familia y los amigos, pasear por el Parque del Retiro, visitar exposiciones y ver mucho, mucho cine.

La mañana del 27 de diciembre amaneció espléndida, y no era cuestión de desaprovecharla. Me reencontré con este alcahuete, originario de México, y posiblemente el árbol más antiguo de Madrid.


Está en uno de los laterales del parterre, y mide unos 25 metros de alto. Se cree que fue plantado en 1630, así que se trata de un hermano menor del famoso Santa María del Tule, del que ya os hablaré en otra ocasión.


Todo el mundo estaba en el centro, de compras navideñas, de modo que el estanque lucía más tranquilo que nunca, con los árboles aún cubiertos de hojas de un marrón intenso.



Mi destino era el Palacio de Velázquez, pero en vista de que hacía sol, decidí acercarme primero al Palacio de Cristal, ese bello edificio en el que se empeñan en acoger exposiciones imposibles.




Frente al palacio encontramos algunos ejemplares de cipreses de los pantanos, una de las pocas coníferas que pueden vivir dentro del agua. Provienen del sudeste de Estados Unidos y son el árbol oficial de Luisiana. Sus raíces aéreas sólo pueden verse cuando baja el nivel del agua.



El Palacio fue construido en 1887 con motivo de la Exposición de Islas Filipinas, inspirado en otro palacio de cristal que se encuentra en Londres, en Hyde Park. La decoración cerámica de los frisos es obra de Daniel Zuloaga. (Wikipedia).




Con las fotos en el zurrón, encaminé mis pasos al cercano Palacio de Velázquez, donde pude ver una exposición de Andrzej Wróblewski que me había recomendado Nélida G.A.


Nacido en la actual Lituania, era de nacionalidad polaca, y falleció por un accidente de montañismo cuando no había cumplido los treinta años. No obstante, nos dejó un buen legado de obras, algunas figurativas, otras abstractas, en las que nos muestra los terribles sucesos de la ocupación alemana de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial.




No es que sus cuadros estén pintados boca abajo, sino que utilizó a menudo las dos caras del lienzo, algo que, lejos de tener causas económicas, respondía a su intención de representar las contradicciones de la vida del momento.

Contrasta el colorido de sus obras con los temas tan brutales que tratan.


Otro día os hablaré de las películas que pude ver.