lunes, 8 de octubre de 2018

Aquatis

He llegado a un punto en el que de la prensa escrita solo leo los titulares, pero de vez en cuando me encuentro con algún artículo que me abre los ojos a nuevos horizontes. Tal es el caso de este acuario que os traigo hoy al blog.




Una rápida búsqueda en Intenet y me informo de precios y horarios; también sobre cómo llegar. No es barato, la entrada cuesta CHF 29, pero abre durante buena parte del día y lo tengo a unas tres horas de tren desde casa. Una vez más, toca madrugar.

El domingo me despierto a las 6.40 y un poco más tarde ya estoy en un tren camino de Lausanne. Allí, después de subir trabajosamente una cuesta empinada, tomo el metro, que me deja en la puerta del acuario.    


Estamos acostumbrados, al menos yo, a los de agua salada, pero en este caso conoceremos especies de lagos y ríos de los cinco continentes. No en vano, es el acuario de agua dulce más grande de Europa. Se representan 20 ecosistemas, en 46 tanques y terrarios, en los que podemos ver unos 10.000 peces y unos 100 reptiles y anfibios. Del lago Leman al africano Malawi, pasando por el Amazonas, con sus famosas pirañas, y el río Níger.    




Nos esperan dos millones de litros de agua, y la visita se realiza en un espacio de 3.500 metros cuadrados que cada uno recorre a su ritmo; el de una tortuga coja en mi caso. Empiezo con un tritón alpino.


El precio puede parecer elevado, pero imagino que mantener todo esto no es barato en absoluto, así que doy por bien empleado el coste de la entrada. Se pueden adquirir por Internet, pero yo las compré en una taquilla en la que no había nadie esperando. Hay descuentos para grupos, y los lunes es más barato.




Encontramos algunas criaturas conocidas pero que solo había visto en la tele, como un dragón de Komodo. Otras, como el aligátor gar del Mississippi, eran completamente nuevas para un servidor.








En algunos casos hay que buscar a los animales con cuidado. Su quietud y camuflaje lo convierte en un juego entretenido en el que solo se me escapó la taipán del interior (Oxyuranus microlepidotus), una serpiente australiana que está entre las más venenosas del mundo. Por más que miré, fui incapaz de encontrarla. En cambio, las mangostas no paraban quietas un momento, y pude ver varios lagartos, también australianos.





El inicio del proyecto Aquatis se remonta a finales del 2000, por lo que el camino ha sido largo hasta que fue inaugurado en 2017, cuatro años después de que se pusiera la primera piedra. Antes, en 2007 se había creado la fundación que lo gestiona, entre cuyos objetivos encontramos el de dar a conocer estos ecosistemas al gran público. Es importante que seamos conscientes del impacto que general la raza humana, y debemos aprender cómo protegerlos. Esta entidad sin ánimo de lucro, se encarga de poner en contacto a científicos e investigadores con las personas de la calle, en un proceso de aprendizaje continuo.


Las nuevas tecnologías están muy presentes en esa labor educativa, y los expositores y acuarios se complementan con vídeos centrados en la importancia del agua. Quizás sea el estanque dedicado al río Mississippi el que más me haya sorprendido.



No olvidemos tampoco la colección de anfibios y ofidios, que siempre llaman la atención. Los varanos aprovechaban el calor emitido por las lámparas y luchaban entre ellos para conseguir los mejores lugares.





Las fotos no son buenas, porque hay poca luz, los animales insisten en moverse y el fotógrafo no da para más, pero confío en que os den una idea de lo que podéis encontrar aquí. Terminada la visita me dirigí al lago; hacía calor, era la hora de comer, y una cerveza siempre es bienvenida.




Solo me queda dar la enhorabuena a los responsables de este espacio. Creo que hacen un trabajo magnífico, dando a conocer estos ecosistemas que, a pesar de tenerlos tan cerca, caen a menudo en un incomprensible olvido.