domingo, 10 de junio de 2018

Altdorf y su monumento a Guillermo Tell


Después de varios fines de semana en los que el tiempo lluvioso no invitaba a hacer excursiones, por fin amaneció un sábado soleado, momento que aproveché para tachar un elemento de mi lista de pendientes: visitar el monumento a Guillermo Tell que hay en Altdorf.


Este pueblo dista unos 45 minutos de tren desde donde vivo, y el trayecto es bonito, ya que bordea primero el lago de Zug y luego un trozo del lago de los Cuatro Cantones. La estación, eso sí, está algo alejada del centro histórico, pero en esa mañana de septiembre de 2017 apetecía pasear por la Bahnhofstrasse.




Una vez en el pueblo, me desvié para echar un vistazo a la iglesia católica de San Martín, que como suele ser habitual en la parte alemana de Suiza, estaba abierta y vacía. Os dejo con unas fotos del silencioso interior.





Ya de vuelta en el exterior, me acerco a la plaza principal por una calle que tiene más tráfico que Park Avenue o la Quinta Avenida en Manhattan. Dicen que solo hay unos ocho millones de suizos, pero no paran quietos; los trenes van siempre a rebosar y los atascos son frecuentes. Aquí, en esta calle, me desesperaba por sacar fotos con poca gente o sin coches. No me explico dónde van a todas horas.




Llego entonces al famoso monumento de Guillermo Tell, que se encuentra adosado a una casa-torre medieval llamada Türmli por los habitantes del cantón de Uri, y cuyos cimientos datan del siglo XIII.




Este edificio tuvo varios dueños hasta que en 1517 pasó a ser propiedad del cantón. Su construcción se realizó en diferentes fases, pasando de las dos plantas iniciales, a las que pronto se añadiría una tercera, a las seis que tiene actualmente. La cuarta planta fue añadida en el siglo XVI y las dos últimas en el XVII.


Podemos acceder gratuitamente al interior, que fue reformado en 2011, subiendo por unas escaleras mientras leemos varios paneles informativos hasta llegar a lo más alto, desde donde tenemos estas vistas de la población. Vemos también la maquinaria del reloj actual, que data de 1968. Todo ello sin vigilancia, sin tener que pagar entrada y sin grafitis. Por no haber no hay ni un papel en el suelo.




La escultura que hay en el exterior de la torre es de Richard Kissling, un especialista en monumentos de diversas personalidades suizas que se encuentran dispersos por todo el país. Esta fue inaugurada en 1895 y representa a Guillermo Tell junto a su hijo Walter, ya que, según la leyenda, los famosos hechos tuvieron lugar aquí, en esta plaza.


La fuente Bessler marca el lugar donde Walter sostuvo la manzana sobre su cabeza, junto a un tilo ya desaparecido, mientras que otra fuente, situada a cien pasos (122 metros en línea recta según Google Maps) en la Kichplatz, señala el punto dese el que fue lanzada la famosa flecha. La leyenda es bien conocida y os supongo al tanto de ella, pero por si acaso, la podéis encontrar en Wikipedia, aquí.


No es fácil determinar qué hay de cierto en ella, puesto que no hay hechos históricos que la sustenten, pero para los suizos marca un evento muy importante en su historia: la sublevación de los cantones suizos de Uri, Schwyz y Unterwalden contra los Habsburgo, acto fundacional de Suiza como confederación. Algo de ello conté en mayo de 2015, en esta entrada dedicada a la pradera de Rütli. En cuanto a la leyenda, parece que bebe de fuentes danesas de principios del siglo XIII, mientras que otros defienden que proviene de la actual Inglaterra.


El monumento actual fue inaugurado el 27/28 de agosto de 1895 (la foto está sacada de un folleto) y el fresco que hay tras la escultura fue diseñado por Hans Sandreuter en 1895, mientras que el de la fachada sur fue pintado por Karl Leonz Putener en 1964.




Me doy una vuelta por el resto del pueblo, pero no me dice gran cosa. Me lo esperaba más antiguo y un poco más grande. Tampoco hay ninguna terraza que me llame la atención, así que renuncio a la cerveza y adelanto mi regreso después de comprar las primeras castañas asadas de la temporada.





¡Y estamos en septiembre!