domingo, 3 de mayo de 2026

Vilhelm Hammershøi en el Thyssen-Bornemisza

Esta vez, en contra de todo pronóstico, conseguí acercarme por la exposición a pocos días del inicio, sin tener ni idea de quién era este pintor danés (1864-1916), pero convencido de que resultaría interesante. Era la hora del almuerzo y no había demasiada gente porque a muchos españoles les gusta ir en manada. Mejor para mí.




Según el Thyssen se trata de su primera retrospectiva en España, pero me parece que han obviado una muestra que hubo en Barcelona en 2007. En cualquier caso, es una amplia y completa visión de su trabajo a través de casi un centenar de obras. Ha pasado más de un siglo desde la muerte del pintor, que alcanzó un éxito considerable en vida por sus interiores fríos y silenciosos, pero sus obras todavía atraen e inquietan al espectador moderno. Fuente: la página web del museo.









El ojo que escucha es el subtítulo de la exposición, y encaja a la perfección, porque de entrada nos enfrentamos a colores planos que aparentemente nos dicen poco. De hecho, el que más me gustó no es de este pintor, sino de Henri Fantin-Latour, porque como ya es costumbre, hay obras de otros autores que nos ayudan a entender el contexto.




La comisaria Clara Marcellán destaca que el artista produjo alrededor de 400 óleos durante su trayectoria y que, desde etapas tempranas, definió una paleta sobria y restringida, dominada por negros, blancos y tonos ocres. Fuente: El Economista.






Yo adoro los colores intensos en la pintura, y encontrarme con los fríos paisajes de Hammershøi fue una sorpresa. Horizontes muy bajos, cielos casi anodinos y vegetación escasa. Un mundo sin seres humanos, edificios ni caminos. Los interiores casi siempre corresponden a su apartamento en Copenhague, y si hay personas, generalmente se trata de Ida Ilsted, su esposa desde 1891, su madre o sus hermanos. Las calles son igualmente de la capital danesa salvo por un par de escenas del Museo Británico en Londres.









Sus cuadros también muestran interiores cotidianos, con pocos personajes, muy solitarios, cuando no se trata de estancias vacías en las que parece que podamos ver el aire, el polvo suspendido en esos rayos de luz.






Hammershøi sólo retrata a aquellos a quienes conoce. Maestro de la luz, ésta se filtra por puertas entreabiertas y ventanas que nos hurtan el exterior. No deja de ser, sin embargo, un mundo inquietante, muy distinto del siglo en el que vivimos ahora, especialmente en lugares más cálidos que Dinamarca. Lástima que las fotos no hagan justicia a los originales. Otro artículo que me ha gustado es éste.









Es curioso, pero cuando la exposición abandone Madrid será para ir a Zúrich, a uno de los museos que más me gustaba visitar (antes de que empezaran a fastidiarlo), la Kunsthaus. Será del 3 de julio al 25 de octubre de 2026. De momento, en Madrid ya la he visto cuatro veces.