Llevaba
tanto tiempo queriendo ir, que hasta tenía en casa un libro – comprado no
recuerdo dónde – muy completo sobre este impresionante monumento megalítico.
Libro que me vino muy bien para comprender mejor lo que iba a visitar.
También
había visto unos cuantos documentales que enseguida quedan obsoletos, porque siguen
descubriendo nuevas estructuras. Stonehenge aparece a menudo en los medios de
comunicación, con múltiples hallazgos que, sin embargo, no consiguen descorrer del
todo las cortinas que envuelven su misterio.
¿Cuándo
se construyó? ¿Con qué fines? Aún hoy, seguimos desconociendo demasiadas cosas.
La opinión más extendida es que sus orígenes se remontan al Neolítico (2900
a.C.) aunque en realidad las piedras se erigieron entre el 2550 y el 1600 a. C.
ya que el monumento fue edificado en varias fases.
En mayo
pasado, aprovechando la festividad del Corpus, decidí dar un salto a mi amada
Londres y acercarme un día a Stonehenge, cumpliendo así uno de mis sueños.
Me habían
dicho de todo, que era muy pequeño, que la gente salía decepcionada y que había
que verlo desde lejos. Todo depende de cómo te organices, porque hay tres
formas de acceso:
- Sin pagar entrada, desde un camino que parte desde una carretera cercana. Sólo vas a ver el monumento desde un lado, y a cierta distancia. Sospecho además que la pendiente te cubrirá la parte más baja.
- Pagando la entrada general puedes acercarte mucho más, como a unos veinte metros, y puedes verlo desde todos los ángulos durante el tiempo que quieras.
- Haciendo una reserva previa en un grupo reducido, que fue lo que hice yo. Te permite acceder con la entrada general tantas veces como desees en el mismo día, pero luego, cuando todo el mundo se ha marchado, te llevan junto a unas treinta personas y te permiten acceder al interior del círculo de piedras. Esta reserva la puedes hacer en la página web del English Heritage. Al ser grupos reducidos, hay que reservar con antelación y esperar a que te lo confirmen.
Si buscas
una foto o no tienes demasiado tiempo, entonces la mejor opción es la segunda,
pero si quieres vivir una experiencia más emocionante porque de verdad te
gustan este tipo de monumentos, entonces te recomiendo que hagas la reserva con
cita previa.
Stonehenge
está a unos 12km de Salisbury, una ciudad que por sí misma merece una visita,
aunque sólo sea por ver su catedral. Desde allí, un autobús te lleva a
Stonehenge y a Old Sarum, antiguo emplazamiento de la ciudad, que me quedé sin
ver porque el recorrido no te permite dejar Stonehenge para el final.
Catedral de
Salisbury
Estos
círculos de piedra son numerosos en toda Europa. Generalmente surgen como una
construcción de tierra amontonada al lado de un foso que es discontinuo, con
una o dos entradas a modo de puentes, dejando una estructura en el interior que
puede ser de madera o de piedra.
La
orientación de las piedras da fe de su uso para medir los cambios de estación,
y quizás para observar las estrellas, pero no está tan claro qué tipo de
celebraciones tenían lugar aquí.
Parece
que todo comenzó con un par de fosos concéntricos, excavados hace la friolera
de 5.000 años, con dos, muy posiblemente tres entradas. En la parte interior se
excavaron cincuenta y seis agujeros de diferente tamaño y profundidad, donde al
parecer iban clavados unos postes de madera. El monumento de entonces, poco a
nada tenía que ver con el que admiramos hoy día. Las piedras llegarían mucho
más tarde.
Las
primeras fueron las llamadas bluestones,
que se encuentran en el interior y son las más pequeñas. Originariamente fueron
dispuestas de dos en dos, formando dos círculos concéntricos.
Más tarde,
todo esto fue desmantelado sin que se conozcan las razones. Enormes bloques de
piedra arenisca, de una variedad particularmente dura que se encuentra a unos
30 km hacia el norte, fueron emplazados aquí formando un círculo.
Tienen
unos cuatro metros de altura, a los que hay que añadir un metro más por el
dintel que las corona. El trabajo, por cómo están dispuestas, es excepcional.
Pero la
obra seguía sin estar terminada. Otros cinco pares de piedras aún mayores, cada
uno de ellos con un dintel encima, fueron dispuestos en forma de herradura,
dejando una abertura en dirección noreste.
Había
bastante gente, pero la mayoría iban y venían, conformándose con sacar unas
cuantas fotos. Yo le di tres vueltas, disfrutando del momento, y estuve unas
tres horas antes de volver al centro de visitantes para comer algo.
Dentro de
unos días continuamos con la segunda visita; en ella podremos ver el interior
del monumento.













