Algún día os contaré el encaje de bolillos que tuve que hacer para conseguir este libro que, contrariamente a lo que anunciaba Desperta Ferro en su página web por aquél entonces, no se podía comprar directamente a la editorial. Ahora he visto que ya lo quitaron de su catálogo.
Empecé a leerlo y la autora nos habla de Atalanta, un tema que conocía de pasada por los Leones del Congreso de los Diputados. Pero es que, a las pocas horas, el canal de Youtube del Museo del Prado me propuso un vídeo sobre un par de cuadros expuestos en la Pinacoteca. Como soy amigo desde hace años y puedo ir cuando quiera, me presenté allí a la mañana siguiente, encontrando las pinturas, pero también mucha información que podéis descubrir pinchando en los enlaces.
Primero, aprovechando que hacía buen día me pasé por el Congreso para hacer fotos de los felinos, cuya historia es la siguiente: Atalanta, hija del rey Esqueneo, fue abandonada en un bosque al nacer porque su padre solo deseaba herederos varones, pero una osa, enviada por la diosa Diana, se encargó de criarla hasta que unos cazadores la rescataron.
Como valoraba mucho su independencia y rehusaba unirse en matrimonio, Atalanta ideó una suerte de reto según el cual solo se casaría con aquel capaz de ganarle en una carrera, siendo ella especialmente veloz, mientras que a los perdedores se les castigaría con la muerte. El joven Hipómenes, descendiente del dios Neptuno, se enamoró de la joven y, sabiendo que iba a perder, pidió ayuda a la diosa Venus. Ésta le entregó tres manzanas doradas para que las dejara caer durante la competición, de forma que Atalanta se entretuviera en irlas recogiendo.
Hipómenes y Atalanta, obra de Guido Reni.
Hipómenes superó la prueba, pero los enamorados no pudieron contener su pasión y se entregaron a ella en un templo consagrado a la diosa Cibeles, quien, airada, les impuso el castigo divino de ser transformados en leones destinados a tirar eternamente de su carro. Es por ello que también los vemos en la famosa fuente donde el Real Madrid celebra sus títulos. Los leones, además, al igual que sucede en el Congreso, miran cada uno hacia un lado, condenados a no poder verse.
Con muy buen criterio, el Prado exhibe este otro cuadro junto al de Guido Reni, obra de Annibale Carracci y titulado Venus, Adonis y Cupido.
Sin esperarlo, y como premio extra, en la misma zona del museo podemos ver este otro, titulado Atalanta y Meleagro cazando el jabalí de Calidón, que es obra de Pedro Pablo Rubens, y otro más, Meleagro y Atalanta, de Jacques Jordaens, pero esa es otra historia.








