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jueves, 20 de agosto de 2026

Juan Tamariz

Tantos años queriendo dedicarle una entrada a este maravilloso mago y al final la hago ahora, aprisa y corriendo por causa de su reciente fallecimiento. No he tenido tiempo ni de buscar un autógrafo suyo que anda por casa.

Nacido en Madrid en 1942, conoció la magia a la edad de cuatro años, cuando sus padres lo llevaron a un teatro a ver a un mago, y desde ese momento decidió iniciar su aprendizaje. Más tarde, empezó a actuar como payaso y titiritero, prácticas que le darían aún más desenvoltura en el arte de la comedia, porque verle actuar era ya de por sí un espectáculo, antes incluso de tocar las cartas. 

La Wikipedia le dedica un extenso artículo donde se mencionan actuaciones y premios a lo largo de una muy fructífera carrera. Por nombrar solo un par, en 2011 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, y en 2019 la Medalla de Oro de Madrid.

Imagen: Archivo AFP

Todos le conocimos gracias a la televisión, pero yo tuve la oportunidad de verle a menudo en Madrid, en un lugar llamado La cripta mágica, que hace honor a su nombre. Era un sitio pequeño, que te permitía verle desde muy cerca y subir con él al escenario sabiendo que serías objeto de sus inocentes bromas.

Pero lo mejor llegaba al finalizar el espectáculo. La mayoría de los asistentes se iban y nos quedábamos una docena de admiradores. Entonces, se sentaba a la mesa con nosotros y nos hacía sus increíbles trucos justo delante de nuestras narices. Ni que decir tiene que nunca fuimos capaces de pillarle. Nos ha dejado el que, sin duda, fue el mejor mago en su especialidad. Sirva esta humilde entrada como recuerdo y agradecimiento.

martes, 14 de octubre de 2025

Jane Goodall

Estaba pensando en cómo hacer una entrada homenaje a Robert Redford y a Claudia Cardinale cuando saltó la noticia del fallecimiento de Jane Goodall. Después de escribir esta entrada resulta que también nos ha dejado Diane Keaton.




De entre todas las publicaciones que he visto, la del The New York Times es la que más me gusta. El enlace que os pongo está en español y me ha servido de fuente para algunas fotografías que en este caso no son mías y para recabar información.

Decía la doctora Goodall que ella no eligió a los chimpancés con los que compartiría la mayor parte de su vida, sino que fue un trabajo ofrecido por el que fuera su mentor, el también doctor Louis Leakey. Por lo visto, el famoso paleontólogo, llevaba diez años buscando a alguien que estudiara a nuestros primos cercanos sin demasiado éxito, y es que antes, al igual que ahora, trabajo había, y lo que faltaban eran ganas de madrugar.





Una joven e inexperta Jane no solo aceptó el reto, sino que superó con creces todas las expectativas. Luchó denodadamente contra el hecho de ser mujer en un mundo de hombres, oponiendo paciencia y empatía a la frialdad científica del momento y sin disponer de un título académico que respaldara sus investigaciones. Conocido es el vídeo en el que da cuenta de las críticas recibidas por poner nombres a los chimpancés en lugar de números. En él, Jane nos dice lo que aprendió de uno de sus mejores profesores cuando era niña, Rusty, su perro: que los humanos no somos los únicos animales con autoconciencia, personalidad ni sentimientos, y que todos estamos interconectados.





Goodall llegó a Nairobi invitada por una amiga justo el día en que cumplía 23 años. Fue entonces cuando conoció a Leakey. En marzo de 1964, tras un noviazgo de casi un año, se casó con Hugo Arndt Rodolf van Lawick, fotógrafo de National Geographic, y tres años después, dio a luz a Hugo, su único hijo, al que apodó Grub. En 1974 se divorció y poco después contrajo matrimonio con Derek Bryceson, director de parques nacionales en Tanzania que fallecería de cáncer en 1980.




En 1977, fundó el Instituto Jane Goodall, que se convirtió en una de las mayores organizaciones mundiales de investigación y conservación sin ánimo de lucro, con oficinas en Estados Unidos y otros 34 países. Su programa Roots and Shoots, lanzado en 1991, enseña a los jóvenes sobre conservación en 120 países.

Jane nos pide que hagamos un mundo mejor no solo para los humanos, sino para todos los seres vivos del Planeta. Ella pensaba que cada día, cada uno de nosotros, podía influir de alguna manera, y que esa era nuestra responsabilidad; palabra que muchos temen, por cierto.

Le habría gustado permanecer en el anonimato, limitándose a observar los chimpancés, pero en lugar de eso, pensó en concienciar al mundo, viajando incansablemente durante 300 días al año desde 1986 hasta su muerte. Miles de personas se reunían para escucharla allá donde iba.





Ha fallecido en Los Ángeles mientras participaba en una gira de conferencias, a los 91 años y por causas naturales. Yo la admiraba, no tanto por ser quien era, sino porque luchó cuando otros se rinden, demostrando que el trabajo y el esfuerzo no te garantizan el éxito, pero ayudan más que las excusas a las que algunos son adictos. Yo prefiero aprender de los primeros e ignorar a los segundos.




Y a los medios de desinformación españoles que mencionaron que había inspirado la película Gorilas en la niebla, habría que explicarles que no la confundan con Dian Fossey, asesinada en 1985, y no equivoquen gorilas de montaña con chimpancés. Este es el nivel del periodismo patrio. Cuando no mienten a propósito, se equivocan por su falta de rigor.

Muchas fotos las he encontrado en esta página y las quitaré en caso de que sus dueños legales así lo soliciten.





Doctora Goodall, no siempre estuvimos de acuerdo, pero deja usted un precioso legado, ha sido un ejemplo y nos ha enseñado muchas cosas más allá de los chimpancés de Gombe. Por todo ello le doy humildemente las gracias.

miércoles, 18 de junio de 2025

Marianne von Werefkin II

Esta entrada es continuación de esta otra, en la que os contaba cómo un catálogo de un museo me llevaba a otro, y luego a otro, siguiendo las obras de esta pintora rusa como si de un juego de la Oca se tratara. Fue casual, por tanto, que tuviera previsto un viaje a Múnich en el que inmediatamente incluí la Städtische Galerie im Lenbachhaus, donde se exponen varios cuadros suyos.




Marianne von Werefkin fue una pintora expresionista que vivió fundamentalmente en Múnich y Ascona, donde fallecería, además de en su Rusia natal. Había conocido a Alexej von Jawlwnsky, con quien mantendría una tormentosa relación de casi tres décadas, en San Pertersburgo. Era 1892.




Cuatro años más tarde, se mudaron a Múnich, donde Marianne abandonaría la pintura durante una década con el doble propósito de impulsar la carrera de su pareja al tiempo que se dedicaba al estudio de la técnica pictórica, creando un laboratorio en el que ambos experimentaban con los colores.




Werefkin era cuatro años mayor, tenía más experiencia, y habiendo probado su talento como pintora realista, necesitaba romper con su pasado y crecer como pintora. Por otro lado, a inicios del XIX, se consideraba que el arte femenino carecía de la originalidad y creatividad necesarias para labrarse una carrera artística, lo que afectó a nuestra protagonista desde un punto de vista psicológico. En sus diarios, “Lettres à un inconnu” deja constancia de todas estas dudas e inseguridades.




La capital bávara ofrecía entonces una reputación excelente como centro artístico, atrayendo a multitud de jóvenes talentos, muchos de ellos rusos o de Países del Este. Lejos de permanecer con los brazos cruzados, convirtió el salón de su casa en un centro cultural en el que se intercambiaban ideas continuamente. Escritores, bailarines, actores y aristócratas se reunían allí, en el Salón Rosa, que sería el germen de otra asociación, la Neue Künstlervereiningung München (1909-1912).




Werefkin no era solo la anfitriona, sino que a menudo lideraba las conversaciones, creando un ambiente propicio para el desarrollo de Jawlensky, proveyéndole de contactos. Diez años más tarde, Marianne volvería a pintar con un estilo muy diferente que conservó hasta su muerte en Ascona, en 1938. El cambio comienza cuando se escribe a sí misma: “No soy un hombre, no soy una mujer, soy yo misma”.




Es en Múnich donde Jawlensky tendría un hijo con Helene Nesnakomoff, la doncella personal de Werefkin, de forma que, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, los cuatro convivirían en Ascona por un tiempo. En 1921, Jawlensky, su mujer y su hijo, regresaron a Alemania mientras que Marianne se quedaría en Suiza.


El pintor ruso todavía formaría parte de otro movimiento artístico, Die Blaue Vier, formado por el propio Jalensky, Feininger, Kandinsky y Klee, pero eso lo dejamos para otra ocasión.

domingo, 30 de marzo de 2025

Marianne von Werefkin I - Ascona

Es curioso comprobar cómo a veces los acontecimientos se van encadenando como las cuentas de un collar sin que hagamos apenas nada para precipitar los hechos. En el catálogo de la Colección Merzbacher (os hablé de ella aquí) encontré una referencia a Marianne von Werefkin y al grupo de pintores rusos que se refugiaron en Ascona, al sur de Suiza durante la Primera Guerra Mundial.




Una visita al Museo Comunale d’Arte Moderna sació mis ansias de conocimientos sobre esta estupenda pintora, pero enseguida me creó nuevas necesidades. En este otro catálogo descubrí que otro museo en Múnich albergaba más cuadros suyos. ¿Y dónde tenía previsto ir unas semanas después? Por casualidad, a la capital bávara. Lo dicho, a veces la vida te pone el camino, la compañía y el medio de transporte en la puerta de casa.





Leyendo, investigando sobre la vida de esta pintora, expurgando la información errónea que unas webs copian de otras, he encontrado una historia fascinante que pretendo dividir en varias entradas.







Marianne von Werefkin fue una pintora expresionista rusa, nacida en Tula, cerca de Moscú en 1860. Su madre, también pintora, provenía de una familia de príncipes cosacos, y su padre fue un condecorado general de la época zarista.





Pasó su infancia en Vitebsk (Bielorrusia) y Willnau (Lituania) hasta que en 1886 la familia se trasladó a San Petersburgo. Allí se convirtió en alumna del pintor realista Ilya Repin y conocería a Alekséi Jawlensky, el hombre junto al que pasaría tres décadas. Su estilo en aquella época hizo que se la conociese como la Rembrandt rusa.





Cuatro años más tarde la pareja se mudó a Múnich, donde ella abandonó la pintura para impulsar la carrera de Jawlensky al tiempo que se dedicaba al estudiar la técnica pictórica, pero con el estallido de la Primera Guerra Mundial se exiliaron en Suiza. Vivieron unos años en St Prex, en el lago Leman, luego en Zúrich y finalmente en Ascona.








Nunca llegaron a casarse, quizás por sus diferentes clases sociales, quizás porque ambos recibían una pensión rusa que habrían perdido en caso de contraer matrimonio. Para terminar de complicar las cosas, Jawlensky se enamoró de Helene Nesnakomoff, la doncella de Werefkin, de quien tendría un hijo, de modo que su relación estuvo llena de altibajos. Tras la vuelta de Jawlensky a Alemania, Marianne encontró una nueva pareja, el cantante Ernst Alfred Aye.









En 1924 había fundado un movimiento artístico denominado Der Grosse Bär (La Osa Mayor) con otros siete miembros que procedían de Alemania, Estados Unidos, Países Bajos, Rusia y la propia Suiza: Ernst Frick, Albert Kohler, Walter Helbig, Otto Niemeyer-Holstein, Gordon Mallet McCouch, Otto van Rees y Richard Seewald.







La primera exposición se llevó a cabo en 1924, en el Café Verbano de Ascona. Werefkin donó un gran número de obras a la ciudad, y ahora podemos disfrutarlas en el Museo Comunale d’Arte Moderna. En otra entrada os hablaré de su estancia en Múnich y traeré más pinturas.

sábado, 3 de agosto de 2024

Patricia Highsmith

Hace tanto tiempo, que ya no recuerdo cómo supe de esta autora, nacida en enero 1921 en Fort Worth, Texas, pero sí sé que fue Carol el primer libro suyo que leí, lo que no deja de ser curioso, porque esta historia poco o nada tiene que ver con sus otras obras. Mucho más tarde, vería la película, que también me gustó.




Sus padres se habían divorciado antes de que ella naciera, y fue educada por su abuela. Mary Patricia Blackman tomaría entonces el apellido con el que sería mundialmente conocida de su padrastro.

Lectora empedernida, le interesaban el crimen, la culpa y la mentira; temas que aparecieron de forma recurrente en sus libros Comenzó a escribir muy pronto, en 1935, aunque ese primer relato no se conserva. Estudió literatura inglesa, latín y griego.






Residió en Nueva York, donde trabajó como guionista de cómics y estuvo cinco meses en México. En 1952 publicó El precio de la sal usando el seudónimo de Claire Morgan porque la historia trata de una relación lésbica mal vista en la época. Tres décadas más tarde, el relato fue reimpreso como Carol, ya con su nombre. Fue adaptado al cine en 2015, con Cate Blanchett y Rooney Mara como protagonistas. El libro ya lo leí dos veces, y pronto caerá una tercera, porque pienso releer muchas de sus obras.




Escribió varios cuentos antes de que su primera novela, Extraños en un tren, viera la luz. Sí, también fue llevada al cine, en este caso por Alfred Hitchcock en 1951.





Su vida personal fue, cuando menos, problemática. Tachada de alcohólica, misántropa, misógina y comunista entre otras lindezas, abandonó su país camino de Reino Unido, Francia y Suiza, donde fallecería en 1995. Visité su tumba, que en realidad es un nicho hace bien poco, como homenaje a quien tan buenos malos ratos me hizo pasar.






Porque muchas veces, en mitad de alguno de sus libros, en realidad de casi todos, me preguntaba por qué los leía, prometiéndome que era el último que compraba. Era una cuestión recurrente, pero luego los terminaba, los volvía a leer y seguía comprando otro, y aún otro más.




Sus personajes, que bordean la psicopatía cuando no caen de lleno en ella, son despreciables y enfermizos, pero muy interesantes; y están espléndidamente creados, pues, no en vano, el punto fuerte de sus libros es la psicología. Tom Ripley, protagonista de cinco de sus novelas se lleva la palma por mucho que a veces haya que suspender la incredulidad. La primera de ellas, El talento de Mr. Ripley también ha sido llevado a la gran pantalla en dos ocasiones, por René Clément en 1960 y por Anthony Minghella en 1999. Anagrama publicó un volumen que las reúne a todas.






Una de sus historias, creo que recogida en Pequeños cuentos misóginos, comienza con esta frase que ya nos dice cómo es el tono: Un joven le pidió a un padre la mano de su hija y la recibió en una caja; era su mano izquierda.





Así que cuidado, que no son lecturas para todos. A mí me encantan, como me gustó acercarme a Tegna a rendirle homenaje.