martes, 4 de junio de 2024

T-Rex Trinity

En 2001, durante nuestro viaje por Canadá, visitamos el Royal Tyrrell, uno de los mejores museos de dinosaurios del mundo, y quedé impresionado. Ahora, más de dos décadas después, sigo interesado en estos animales tan fantásticos que parecen provenir de otro planeta. Estoy tan loco que me estoy leyendo cinco libros sobre ellos a la vez.



No es cuestión de edad, pues fascinan a niños y grandes por igual. Y, claro, el más famoso de todos, el que aparece en todas las pesadillas además de en infinidad de películas de todas las épocas, es el Tyrannosaurus rex; T-Rex para los amigos.





Os presento a Trinity, el resultado, y de ahí el nombre, de unir tres esqueletos descubiertos entre 2008 y 2013 en Hell-Creek y Lance-Creek, dos formaciones sitas en Montana y Wyoming respectivamente. El tamaño, calidad y origen de los restos son similares, lo que ha permitido sumarlos de forma armoniosa. Son 293 huesos y el 50% del esqueleto es original. Su edad se estima en unos 67 millones de años.



El resultado, con sus más de 11 metros de largo y 4 de alto, es espectacular. En estas fotos podemos compararlo con un humano.





Trinity fue subastada en Zúrich en abril de 2023, alcanzando los 4.8 millones de francos suizos. Es el tercer T-Rex en ser subastado en el mundo, y el primero en Europa. Los otros dos fueron la impresionante Sue (8.3 millones de dólares) y Stan (32 millones de dólares).




Sue fue descubierto en 1990 por la exploradora y coleccionista de fósiles estadounidense Sue Hendrickson. El 90% es original y se trata de uno de los más grandes y mejor conservados jamás encontrados. Stan, descubierto en 1987 en Dakota del Sur, está completo al 70% y su cráneo es el mejor conservado de todos. Para verlo hay que ir a Abu Dhabi, pero la exposición no estará lista hasta 2025. Sue está en el Field Museum of Natural History de Chicago. Lo que sí pude ver en Suiza fue una copia del cráneo de Stan.



Pero volvamos a Trinity. Fue adquirida por la fundación Phoebus, creada por Fernand Huts, un amante del arte y socio de la empresa de logística portuaria Katoen Natie con la intención de exhibirla en el Boerentoren, un rascacielos que se encuentra en Amberes, Bélgica.




Actualmente, el arquitecto Daniel Liberkind lo está remodelando para convertirlo en un centro de arte, por lo que Trinity ha encontrado acomodo por un año en el Sauriermuseum de Aathal, un museo particular sobre dinosaurios en el Obeland zuriqués que fue fundado por Kobi Sieber en 1992.





Podemos verlo allí hasta enero de 2025 gracias a una cesión gratuita que sin embargo implica elevados costes en materia de transporte y seguros. La idea es, también, seguir investigando para conocer mejor a estos animales formidables.




Las salas del museo, que se encuentra en un edificio protegido, son pequeñas y angostas, por lo que el mayor reto fue meter las nueve enormes cajas en las que estaban almacenados los huesos. Tuvieron que desmontar algunas puertas y aún así fue cuestión de escasos centímetros en algunos casos. Los dueños del museo esperan incrementar en 20.000 los visitantes con respecto al año pasado, alcanzando los 150.000 y para empezar, abren una hora antes de lo habitual.



Puede que esta especie sea la más famosa, pero lo cierto es que solo se han desenterrado 32 esqueletos parciales desde que fuera descubierta en el siglo XIX. Según otras fuentes, el número asciende a casi 50, pero, en cualquier caso, son muy pocos.




Ahora solo me resta regresar a Amberes una vez que esté lista la nueva exposición, pero antes volveré por Aathal, que me pilla más cerca.

martes, 21 de mayo de 2024

La colección Merzbacher

En julio del año pasado os traje la colección de Emil Bührle para ver si os "culturizabais" un poco. Pues bien, en el mismo edificio del Kunstmuseum de Zúrich, encontramos esta otra que corresponde a Werner Merzbacher, un tratante de pieles suizo, nacido en Alemania.





Llegó al país helvético huyendo de los nazis cuando contaba diez años de edad, y emigró a los Estados Unidos después de que Suiza le denegara la nacionalidad, en 1949. Dos años más tarde, contrajo matrimonio y se involucró en el negocio de las pieles después de cumplir el servicio militar en Alaska. En 1964 regresó a Suiza junto a su mujer y sus tres hijos.






La colección contiene obras de artistas conocidos de los siglos XIX al XXI tales como Monet, Sisley, Renoir, Picasso, Calder, Modigliani, Léger, Matisse, Derain, Kandinsky y un largo etcétera.







En el museo se exponen 65 cuadros que han sido cedidos por un mínimo de 20 años, aunque también hay algunas esculturas. Se incluyen varios movimientos artísticos, como el Impresionismo, el Postimpresionismo, el Fauvismo, Die Brücke, el Expresionismo, Der Blau Reiter y otro largo etcétera.









Werner reconoce que no es ningún entendido en arte y que su colección responde más que nada a sus gustos personales. Tanto él como su esposa Gabrielle son muy prudentes en lo que a su privacidad se refiere. De esta forma, la primera vez que expusieron las obras fue en 1999, conmemorando el cincuenta aniversario de la creación de Israel, en una muestra itinerante llamada “el festival o la alegría del color”.








Las primeras adquisiciones se produjeron en los años sesenta, con la adición de tres cuadros provenientes del abuelo de ella, que había conseguido huir, también de los nazis, en 1941.








Ya he visto la exposición en cuatro ocasiones y solo confío en que el préstamo sea prorrogado para que pueda disfrutarla muchas veces más.

miércoles, 1 de mayo de 2024

Karen Blixen

La película Memorias de África (Out of Africa, 1985) siempre ha estado entre mis favoritas desde que la viese en el cine Palafox, en Madrid. No es perfecta y hay cintas mejores, pero ésta tiene la enorme ventaja de contar una historia como Dios manda. Exactamente como hacía la protagonista, Karen Blixen, en la vida real.



En aquella época, contrariamente a lo que sucede ahora, en Hollywood aún había guionistas y el público pedía algo más que inanes escenas de acción concatenadas sin criterio.

El filme está basado, muy libremente, en las memorias de la baronesa, un libro que publicó en 1937 bajo el seudónimo Isak Dinesen, algunos años después de su regreso a Dinamarca.

Todos sabemos cómo empiezan, tanto la película como el libro: “Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong”. Bueno, digamos que es la primera inexactitud, porque Karen nunca tuvo una granja en África, sino que gestionó las de su familia, aunque eso es lo de menos. Lo relevante es que nos traslada a la vida colonial en la actual Kenia, dando cuenta de sus vicisitudes en una plantación de café situada en un terreno demasiado elevado. Toda una galería de personajes, tanto europeos como africanos, desfila por las páginas del libro. Y no, la película, tampoco empieza con la famosa frase al igual que Ingrid Bergman nunca dice: “tócala otra vez, Sam” en Casablanca.




El libro tuvo una corta segunda parte, Sombras en la hierba, en la que se incide en algunos de los personajes, ampliando la historia. No puedo decir que no me hayan gustado, pero al haber visto primero la película, y, sobre todo, al conocer la historia real, uno espera encontrar ciertos acontecimientos que la autora nos hurta en sus recuerdos idealizados. En cualquier caso, su lectura es muy agradable.

Profundizando en el tema, encontré por casualidad esta biografía escrita por Tom Buk-Swienty,: La Leona. Karen Blixen en África. En palabras del autor, estas setecientas páginas son la culminación de casi diez años de investigación sobre la familia.




De una forma amena, apoyado en los numerosos documentos, algunos de los cuales no se han hecho públicos hasta 2018, el autor nos da a conocer esta fascinante aventura. Conocemos así, de primera mano, los diecisiete años que Karen vivió en África. Aquí descubrimos que Karen tenía memoria selectiva y que la película está bien adaptada pero tampoco es completamente fiel a la realidad.

Es de esos libros que da pena que se acaben, quizás porque me identifico con ese amor por el continente negro. Es inevitable escrutar las fotografías buscando sin éxito a Meryl Streep o Robert Redford.

En este segundo viaje a Kenia pretendía visitar el barrio de Karen, uno de los distritos de la actual Nairobi cuyo nombre rinde homenaje a la baronesa Blixen. La ciudad ha crecido tanto que terminó por engullir una granja que en vida de la autora estaba situada a varios kilómetros. No obstante, un previsible retraso en el vuelo hizo que nos quedáramos sin ver la famosa casa.

Me quedan pendientes otros dos libros. El primero, de Lea Kampe, es una novelización, mientras que el segundo fue el primer libro publicado, en los EEUU, de Isak Dinesen.




Karen se mudó al África Oriental Británica a finales del año 1913 para casarse con su primo segundo, el Barón Bror von Blixen-Finecke, de nacionalidad sueca, y asentarse en la entonces colonia británica y actual Kenia. Con el dinero de la familia de ella, adquirieron una granja en las colinas de Ngong a unos quince kilómetros al suroeste de Nairobi con el propósito de plantar café.

El matrimonio terminaría en divorcio, y las cosechas nunca fueron lo suficientemente abundantes como para que el negocio prosperase. La Primera Guerra Mundial nos trae al coronel Paul Emil von Lettow-Vorbeck, personaje que conocí en uno de los libros de Javier Reverte, pero también aparecen otros cuyas vidas desconocía, como Eva Dickson, la primera mujer que atravesó el Sahara en automóvil o Beryl Markham, primera mujer en cruzar el Atlántico en un vuelo en solitario. Esta última compitió con Karen por el amor de otro protagonista, Denys Finch Hatton.




Su marido le contagió la sífilis, alterando por completo su vida. Karen aprendió el suajili además de otras lenguas locales, peleó como la leona del título por sus kĩkũyũ, consiguiéndoles tierras, fomentando su educación y defendiendo sus derechos cuando se suponía que las mujeres debían limitarse a obedecer a sus maridos.

Era otra época, muy diferente a la nuestra, pero aquellos que amamos el África de los grandes animales admiramos desde la comodidad de nuestras casas a estos emprendedores y aventureros. Ellos hicieron lo que otros solo nos atrevemos a soñar.