jueves, 18 de febrero de 2016

Viaje por California V

Pensaba hacer una última entrada genérica sobre nuestro viaje por California, pero me queda demasiado larga, así que – como ya es costumbre – la he dividido en dos para vuestra comodidad.

Después de pasar unos días recorriendo la costa en dirección a San Francisco, habíamos llegado a la ciudad, siendo nuestra primera toma de contacto, la 49 Scenic Mile Drive, un recorrido que conviene hacer en coche y que te permite echar un vistazo rápido a los puntos más interesantes.

Esa primera tarde nos acercamos a Twin Peaks, desde donde hay buenas vistas, si bien algo empañadas por la neblina que cubría la bahía.


Aprovechando que aún no habíamos devuelto el coche, el día siguiente nos acercamos a la Universidad de Berkeley, a Sausalito y a Tiburón. Como me habían puesto Sausalito por las nubes, me esperaba quizás demasiado y no me pareció para tanto. Eso sí, una vez allí, acercaos a Horseshoe Bay para ver el puente desde bien cerca.





Por la tarde fuimos a ver el puente Golden Gate desde la playa Baker. Los que seguís mi otro blog ya visteis una entrada específica del famoso puente.


Probamos varios restaurantes durante nuestra estancia en San Francisco y me parecieron tremendamente caros. ¡Recordad que vivo en Suiza y estoy curado de espantos! La calidad no es mala, pero no justifica precios tan altos.

A la mañana siguiente nos acercamos a la Coit Tower y a la famosa Lombard Street, de las que ya os hablaré con más detalle, para alcanzar Fisherman’s Wharf.





Allí hicimos la “turistada” de probar la sopa de cangrejo, servida dentro de una hogaza de pan. Está buena sin más, pero hay que probarla.


Merece la pena acercarse al Historic Pier, donde están atracados el submarino Pamapanito y un buque de la clase Liberty, representantes de una época que no conviene olvidar.



Toda esta zona es bonita y bulle de gente. Los leones marinos nos esperan en el Pier 49, pero antes nos acercamos al Palace of Fine Arts y a las vistas que tenemos del Puente desde Battery Park.






Es imprescindible acercarse al mirador de Battery Lancaster para admirar, una vez más, el Puente.


Esta entrada bien podría ir en mi otro blog, pero como ya estoy preparando entradas específicas que amplíen la información sobre algunos puntos de interés, he decidido publicarla aquí.

lunes, 8 de febrero de 2016

Cine en Navidad

El 2015 ha sido el año en el que más películas nuevas he visto, 252, lo que en mi caso, que no paro quieto, es todo un récord. Pero la inmensa mayoría las he visionado en casa, cuando a mí lo que me gusta es disfrutarlas en el cine, en pantalla grande.

Esta pasada Navidad he aprovechado para ver unas cuantas, seis en concreto. Fue aterrizar, dejar la maleta y marchar al cine para ver El puente de los espías, de Spielberg, antes de que desapareciera de la cartelera, e hice bien, pues apenas éramos veinte en el patio de butacas. Es una película muy bien ambientada, pero hecha a mayor gloria de los estadounidenses, que no americanos. La historia es buena y está bien contada.


Han sido cintas tan diversas como Paulina, 45 años o la última de Star Wars. Las tres me decepcionaron. Las dos primeras porque no logré identificarme con los personajes, que estaban sin embargo, bien interpretados.

A la séptima entrega de La guerra de las galaxias le falla el guion, por mucho que los efectos sean buenos y la acción trepidante. Todo suena a ya visto, y sorprende demasiado poco. No es fácil retomar una historia que se remonta a varias décadas atrás, sobre todo si se presta más atención al marketing que al producto.

Me impresionó, en cambio, la actuación de Natalia de Molina en Techo y comida, aunque luego el guion nos cuente sólo una parte de la realidad, la que le interesa mostrar a los productores. Le resta algo de verosimilitud el que la protagonista sea tan buena y lo haga todo tan bien. No he visto a Inma Cuesta en La novia, pero el Goya de este año tenía nombre y apellidos.

Con pases de Star Wars cada hora y la sala de lleno en lleno, está claro por dónde transcurre el futuro de un cine convertido en puro espectáculo, en el que no hace falta pensar mucho. No seré yo quien critique los gustos del público, siempre que tengamos clara una cosa: obtendremos lo que deseemos tener, y si soñamos con una caja muy bien envuelta, pero vacía, eso vamos a conseguir.

Es algo que podemos hacer extensible a la mayoría de libros que se publican o a la televisión que nos enchufan. Allá cada uno. Por otro lado, si lo que queremos es ver las películas gratis, descargadas ilegalmente, entonces no podremos quejarnos de que las salas de cine estén medio vacías en cuanto la película no va acompañada de una publicidad agresiva. Los que dicen que el cine a cinco euros es caro son los mismos que se gastan 15 en una copa que les dura diez minutos, así que esa excusa no me vale. No es cuestión de dinero, sino de prioridades.

En el lado opuesto tenemos el Macbeth de Justin Kurzel, que no es para todo el mundo, ya que exige una atención que pocos están dispuestos a mantener. Sólo cuando la película termina te das cuenta del cuidado con el que está hecha, pero hay momentos en los que te gustaría que la acción transcurriese más rápido. No me atrevo a recomendarla, que conste.


Al final, lo mejor es que haya diversidad, pero me pregunto si seremos capaces de mantenerla o si por el contrario vivimos en una falsa abundancia de opciones.