domingo, 22 de febrero de 2026

Chez Matisse. El legado de una nueva pintura

La reforma del parisino Centre Pompidou, que cerró sus puertas el pasado verano por un periodo de cinco años, nos brinda la oportunidad de disfrutar de algunos de sus cuadros, que encontraron refugio temporal en esta exposición de CaixaForum en Madrid.






Matisse es el protagonista, pero también el reclamo, ya que encontramos obras de Pierre Bonnard, Natalia Goncharova, Pablo Picasso, Georges Braque, André Derain, Mijaíl Lanionov, Robert y Sonia Delaunay, entre muchos otros. La mayoría, grandes conocidos, a los que pude sumar nombres nuevos, y eso siempre interesa.










Matisse nació en 1869 en Le Cateau-Cambrésis, en el norte de Francia, y llega relativamente tarde al mundo del arte. Comienza copiando a los grandes maestros antiguos del Musée du Louvre mientras desarrolla su personalidad artística, una que le llevará a utilizar multitud de técnicas diferentes. A inicios de la década de 1930 ya es un maestro reconocido, y en 1931 el MOMA neoyorkino le dedica una retrospectiva.









Fue uno de los primeros artistas en mostrar interés por el arte no occidental. En 1906 viajó a Argel, en 1910 a Múnich y Andalucía; también visitó Moscú y San Petersburgo. Se estableció en Niza a finales de 1917, donde fallecería en 1954.






Baya, una artista autodidacta nacida cerca de Argel es una de las muchas puertas que me ha abierto esta exposición. Si encuentro información sobre ella es posible que le dedique una entrada. Finalmente, las fotos, hechas con el móvil, están ligeramente sobreexpuestas; confío en que se vean medianamente bien.

domingo, 8 de febrero de 2026

Sin palabras

Imagen de la ilustradora Marta García-Escribano por encargo de la Guardia Civil. Copiada de Internet. [Entrada editada. Gracias, Una mirada.]

martes, 28 de octubre de 2025

¡Gracias, Suiza!

Termina una etapa: la de mi vida en Suiza, pues regreso a España. Han sido algo más de doce años maravillosos en los que me he sentido en casa a pesar de la distancia interpuesta con mi familia.






Gracias a ese grupo de amigos que facilitaron las cosas desde el primer momento. Por mucho que esto no sea un adiós, sino un hasta luego, voy a echarles mucho de menos, porque Zug tiene los servicios de una gran ciudad, pero en el fondo no deja de ser un pueblo en el que las distancias se miden en pasos y minutos.






Fui por motivos laborales y encontré personas estupendas, de esas que te acompañan el resto del camino y te reconcilian con la vida.






Gracias a los suizos por prestarme su país, por acogerme y por no darme la lata. El país helvético, sin ser perfecto, es sobresaliente, el paraíso en la tierra, y voy a echar de menos (ya lo hago) su calidad de vida, el que las cosas funcionen, la tranquilidad y la seguridad, tanto física como jurídica.






Os he mostrado una parte de mi vida a lo largo de 120 entradas. Quedan muchas más, porque la colección de fotos y experiencias me servirán para recordar un periodo fantástico del que me cuesta desprenderme. En todas partes hay paisajes bonitos y monumentos interesantes, pero la calidad de vida no se mide únicamente en horas de sol ni tortillas de patatas como algunos creen.















Echaré de menos los paseos por la orilla del lago, los atardeceres, las excursiones en busca de fauna y los Alpes.







Los paseos por el bosque al lado de casa y los lagos de aguas cristalinas…











Ahora toca volver, adaptarme, y, creedme, me va a costar mucho, porque la España que encuentro no se parece en casi nada a la que dejé. Es algo que no se puede explicar a quienes han vivido siempre en el mismo lugar y no conocen otras vidas. Hace mucho que desistí de hacerme entender porque es una pérdida de tiempo.






Adaptarme, en fin, es algo que llevo haciendo toda mi vida. Imagino que podré conseguirlo una vez más, porque si vuelvo a dejar España, entonces será ya para siempre.