Una bloggera me descubrió este lugar hace unos años a través de Instagram, y claro, tratándose de cervezas y libros, la suerte quedó echada. Convencí a un par de amigos de esos que te acompañan al fin del mundo si hace falta y nos plantamos en Enge, un barrio de Zúrich conocido por su cercanía al lago y por sus numerosos espacios verdes.
La antigua cervecería Hürlimann es ahora un hotel boutique con spa, pero te permiten vagabundear por el salón donde sirven las comidas. Podemos así, desayunar junto a unos 33.000 libros que decoran, del suelo al techo, tres de las paredes bajo unas lámparas fabricadas con botellas de cerveza.
La que llegaría a ser en su mejor época la fábrica de cerveza más grande de Suiza, fue fundada en 1836 por Hans Heinrich H. en Feldbach, a orillas del lago de Zúrich, trasladándose después, en 1866 a Zúrich debido a la falta de conexión ferroviaria. Adquirida por Feldschlösschen en 1996, ésta sería a su vez absobida por el Carlsberg en 2000.
Como hacíamos algunos domingos, la idea era acercarnos a Zúrich para almorzar en la Zeughauskeller, un lugar muy concurrido que no cierra al mediodía y que atrae a turistas y a locales por igual. Sirven cerveza local y un codillo con ensalada de patata para chuparse los dedos.
Pero en Suiza amanece temprano, y yo solía madrugar, aunque fuera fin de semana, de modo que me dio tiempo para hacer unas fotos a las flores que entonces adornaban mi ciudad.
Como siempre, la primavera llegaba con cierto retraso, pero al menos hacía sol.








