jueves, 6 de mayo de 2021

Nansen

En uno de mis muchos paseos virtuales por Youtube durante el primer año de la pandemia, me topé con un par de conferencias de Javier Cacho que enseguida llamaron mi atención por la forma en la que abordaba los viajes polares y la vida de estos exploradores que tanto hemos oído nombrar.



En 2015 visité el museo del Fram, en Oslo, y desde entonces tenía una deuda con esta parte de la Historia que solo ahora empiezo a saldar, porque espero que este libro sobre Nansen sea solo el primero de muchos. Javier Cacho escribe como habla, de una forma sencilla y amena que te atrapa sin remedio por la cantidad de información y por lo bien organizada que la presenta. Él mismo está fascinado por los temas que trata, y eso se trasluce al avanzar por sus líneas.



Conocía gran parte de la expedición de Nansen por el Ártico, había oído hablar de su éxito al cruzar Groenlandia de costa a costa, pero ahora he podido juntar las piezas del puzle, aprendiendo más sobre estos viajes tan duros y fantásticos a la vez.




Pero el libro me ha aportado mucho más, descubriéndome una dimensión desconocida del gran explorador noruego, porque a sus viajes se une su labor científica, su vida familiar y el desempeño como embajador de su país. El volumen nos lleva de la mano por algunos episodios de la historia de Noruega que, además de parecerme muy interesantes, nos ayudan a entender mejor su época. Se centra en la ingente labor desarrollada por Nansen en la Sociedad de Naciones, en los logros y fracasos de este idealista que predicaba con su trabajo hasta recibir el Nobel de la Paz en 1922. Yo, al menos, desconocía la ayuda que prestó a infinidad de refugiados, la creación de un pasaporte con su nombre y la lucha que libró hasta su fallecimiento en 1930. Pretendía conocer a un explorador y me he encontrado con un ser humano excepcional que tampoco escapa a algunas sombras.




Ahora vuelvo a cambiar de tercio y pienso embarcarme en la Guerra de Vietnam de la mano del historiador Max Hastings. Sospecho que solo nos han contado una parte de este conflicto, y estoy ansioso por abordar una visión más objetiva que complemente los lugares comunes a los que nos tienen acostumbrados.



Ya os contaré.

viernes, 23 de abril de 2021

Aníbal vencedor, que por primera vez mira Italia desde los Alpes

La Fundación Amigos del Museo del Prado ha donado al Museo este cuadro de Goya, por lo que pasa a formar parte de la colección permanente, rellenando huecos en la línea temporal del genial pintor aragonés. Antes, había pertenecido a la Fundación Selgas-Fagalde, que lo conservó durante un siglo en la Quinta de Selgas, en El Pito, Cudillero. El cuadro fue pintado en Roma con ocasión de un concurso convocado en Parma en 1770, pero no sería hasta 1993 que fue atribuido a Goya, pues primero fue comprado como anónimo y después se atribuyó la autoría a Corrado Giaqinto. Aunque Goya recibió una mención, no ganó el concurso por no someterse a algunas de las normas.

Un acuerdo entre el Museo del Prado y la Fundación asturiana permitió el préstamo temporal por seis años a cambio de la restauración de varias obras. En 2020, fue adquirido por 3,3 millones de euros que han salido de las aportaciones que 40.000 amigos del museo hemos realizado en los últimos 40 años. Aunque coopero desde hace bastante menos tiempo, ello no quita que anime a otros a hacer lo mismo. La cuota anual no es tan alta, y si además resides fiscalmente en España, lo que no es mi caso, Hacienda te devuelve una buena parte. Es una forma de apoyar la cultura y el patrimonio nacionales.

lunes, 12 de abril de 2021

Libro sobre Hatshepsut

Hace tiempo que lo he leído, pero ya sabéis que este blog refleja más el pasado que el presente, porque el autor siempre está haciendo otra cosa y no puede mantener el ritmo que desearía.



Le tenía cierta aprensión, porque viviendo en Suiza, no hojeo el libro hasta que llega a manos de mi librera y por mucho que pueda devolverlo, al final es comprar un poco a ciegas, y temía encontrarme con un ladrillo como ya me sucedió con Rommel o Pizarro.



Nada más lejos de la realidad, porque los autores, ambos egiptólogos con amplia experiencia, nos trasladan a aquella época a través de un relato ameno, documentado y fascinante. Me ha gustado más la primera parte, cuando Hatshepsut ha de lidiar con el objetivo de alcanzar el poder, manejándose en un mundo de hombres en el que las mujeres estaban abocadas a representar papeles importantes pero secundarios. Luego viene una parte un poco farragosa en la que se nos describe con gran profusión de detalles las construcciones que llevó a cabo durante su reinado. Está bien, porque sirve de base para comprender el resto, pero a veces agobia un poco. En cambio, el final, con la descripción del hipogeo de Sen-en-Mut, el que muchos creen fue su amante y protector, y el descubrimiento de la momia de Hatshepsut fue más de mi gusto. Apenas dedica un par de páginas a la persecución que sufrió la memoria de la reina después de su fallecimiento.





La edición cuenta con muchos dibujos y fotografías, ya sea de las tumbas, de los templos, las estatuas o los relieves y jeroglíficos, y los autores usan muchas de esas fuentes escritas para hacer hablar a los personajes con sus propias voces. No es una novela, sino un libro de historia en toda regla.





Lo más curioso es que me llamó la atención el libro por su título, mientras que desconocía quienes eran sus autores. Hace ya muchos años que un antiguo jefe me habló sobre la Misión Arqueológica Española en Egipto, en Luxor, y la sigo cuando se publican noticias sobre ella, pero no era consciente de qué libro estaba adquiriendo hasta que lo tuve en mis manos. Teresa Bedman y Francisco J. Martín Valentín, Hatshepsut, de reina a faraón de Egipto, La esfera de los libros.





Estuve en Egipto en 2008, pero no pude visitar su templo funerario, el Djeser-Djeseru (primera foto), porque es mucho lo que hay que ver y más lo que se está descubriendo en estos últimos años. El resto de imágenes son de Luxor y Karnak, dos templos que existían en la época de Hatshepsut, pero aparecen solamente para acompañar la entrada y no garantizo que tengan que ver directamente con ella aunque algunas construcciones sean de su época.





Tener suerte en la vida siempre ayuda, y Hatshepsut pudo llegar y mantenerse en el trono gracias a una serie de coincidencias. Su padre tenía dos esposas, una que le dio dos hijas y otra que le dio tres varones pero que pertenecía al harén real. De los cinco hijos solo sobrevivieron dos, Hatshepsut y su hermanastro Thutmosis II. La primera no podía ser faraón por ser mujer, pero estaba emparentada con el dios Amón, mientras que al segundo le faltaba la legitimidad necesaria puesto en el Egipto de entonces la realeza era forzosamente de origen divino. La solución fue casar a ambos hermanastros, pero al ser Thutmosis II un niño de corta edad, fue Hatshepsut quien llevó las riendas.





Es aquí donde aparece la figura de Sen-en-Mut, un preceptor de origen humilde que no solo llegaría a acumular infinidad de títulos y cargos, sino que parece ser fue el verdadero padre de las dos hijas de Hatshepsut. No obstante, el propósito de esta entrada era traeros el libro junto con mis impresiones, sin adentrarnos en la fascinante historia de esta mujer.



Ahora voy a dejar el calor africano y me embarcaré con Nansen para explorar el Ártico. Espero no pasar demasiado frío con este noruego excepcional cuya figura ha quedado a veces eclipsada por otras como Amundsen o Scott. Le tengo ganas desde que visité el museo del Fram en 2015, y por fin ha caído en mis manos.




Ya os contaré.