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martes, 7 de julio de 2026

Antigua fábrica de cerveza Hürlimann

Una bloggera me descubrió este lugar hace unos años a través de Instagram, y claro, tratándose de cervezas y libros, la suerte quedó echada. Convencí a un par de amigos de esos que te acompañan al fin del mundo si hace falta y nos plantamos en Enge, un barrio de Zúrich conocido por su cercanía al lago y por sus numerosos espacios verdes.




La antigua cervecería Hürlimann es ahora un hotel boutique con spa, pero te permiten vagabundear por el salón donde sirven las comidas. Podemos así, desayunar junto a unos 33.000 libros que decoran, del suelo al techo, tres de las paredes bajo unas lámparas fabricadas con botellas de cerveza.

La que llegaría a ser en su mejor época la fábrica de cerveza más grande de Suiza, fue fundada en 1836 por Hans Heinrich H. en Feldbach, a orillas del lago de Zúrich, trasladándose después, en 1866 a Zúrich debido a la falta de conexión ferroviaria. Adquirida por Feldschlösschen en 1996, ésta sería a su vez absobida por el Carlsberg en 2000.







Como hacíamos algunos domingos, la idea era acercarnos a Zúrich para almorzar en la Zeughauskeller, un lugar muy concurrido que no cierra al mediodía y que atrae a turistas y a locales por igual. Sirven cerveza local y un codillo con ensalada de patata para chuparse los dedos.






Pero en Suiza amanece temprano, y yo solía madrugar, aunque fuera fin de semana, de modo que me dio tiempo para hacer unas fotos a las flores que entonces adornaban mi ciudad.






Como siempre, la primavera llegaba con cierto retraso, pero al menos hacía sol.

martes, 28 de octubre de 2025

¡Gracias, Suiza!

Termina una etapa: la de mi vida en Suiza, pues regreso a España. Han sido algo más de doce años maravillosos en los que me he sentido en casa a pesar de la distancia interpuesta con mi familia.






Gracias a ese grupo de amigos que facilitaron las cosas desde el primer momento. Por mucho que esto no sea un adiós, sino un hasta luego, voy a echarles mucho de menos, porque Zug tiene los servicios de una gran ciudad, pero en el fondo no deja de ser un pueblo en el que las distancias se miden en pasos y minutos.






Fui por motivos laborales y encontré personas estupendas, de esas que te acompañan el resto del camino y te reconcilian con la vida.






Gracias a los suizos por prestarme su país, por acogerme y por no darme la lata. El país helvético, sin ser perfecto, es sobresaliente, el paraíso en la tierra, y voy a echar de menos (ya lo hago) su calidad de vida, el que las cosas funcionen, la tranquilidad y la seguridad, tanto física como jurídica.






Os he mostrado una parte de mi vida a lo largo de 120 entradas. Quedan muchas más, porque la colección de fotos y experiencias me servirán para recordar un periodo fantástico del que me cuesta desprenderme. En todas partes hay paisajes bonitos y monumentos interesantes, pero la calidad de vida no se mide únicamente en horas de sol ni tortillas de patatas como algunos creen.















Echaré de menos los paseos por la orilla del lago, los atardeceres, las excursiones en busca de fauna y los Alpes.







Los paseos por el bosque al lado de casa y los lagos de aguas cristalinas…











Ahora toca volver, adaptarme, y, creedme, me va a costar mucho, porque la España que encuentro no se parece en casi nada a la que dejé. Es algo que no se puede explicar a quienes han vivido siempre en el mismo lugar y no conocen otras vidas. Hace mucho que desistí de hacerme entender porque es una pérdida de tiempo.






Adaptarme, en fin, es algo que llevo haciendo toda mi vida. Imagino que podré conseguirlo una vez más, porque si vuelvo a dejar España, entonces será ya para siempre.

martes, 20 de mayo de 2025

Castillo de Vullierens II

Esta entrada es continuación de esta otra. Lo descubrí por Instagram y me faltó tiempo para buscar un día soleado a finales de mayo del año pasado para visitarlo; justo cuando los iris están en su mejor momento.




El castillo se encuentra muy cerca de Morges y, por lo tanto, del lago Lemán. Está considerado como un perfecto ejemplo de la arquitectura suiza de principios del siglo XVII, y se erige sobre los cimientos de un castillo-fortaleza del siglo XIII. El terreno, de 100 hectáreas, ha pertenecido a la misma familia durante 700 años. (Fuente: mywitzerland.com).






En la entrada anterior vimos fotos centradas fundamentalmente en uno de los nueve jardines que acogen alrededor de 50.000 flores entre mayo y julio de cada año. Hoy sigo con mi desorden habitual, mezclando imágenes de mis dos primeras visitas, y lo hago acercándome al interior del recinto en el Jardín de Dorianne.






Fue creado en 2006 en la terraza del palacio en honor de Dorianne Bovet, la madre del actual dueño, y su diseño geométrico acoge rosales de color rojo y amarillo.






Venir aquí un día soleado, de esos en los que todavía no aprieta el calor, es una delicia. Las flores, las esculturas, el paisaje y los bancos; todo se conjuga para transmitir belleza y sosiego.










El edificio principal está cerrado al público, y es en este jardín donde podemos acercarnos más para admirar su arquitectura.






Ya en la salida, nos espera el Jardín Secreto, un pequeño rincón lleno de paz y tranquilidad inspirado en el libro del mismo nombre el escritor Frances Hodgson Burnett.






Un arroyo discurre por el punto más bajo del jardín, no muy lejos del puente levadizo que daba acceso al castillo medieval.






Otro día volvemos con la historia del castillo, de las personas que lo embellecieron, así como con más flores y jardines.