jueves, 23 de julio de 2026

¡Campeones!

Y por segunda vez.

España y Alemania son los únicos países en haber ganado tanto el Mundial de Fútbol masculino como el femenino.





Europa Press Bradley Collyer/PA Wire/dpa




AP Photo/Seth Wenig

En esta ocasión, la final me pilló en Nápoles, terreno minado porque siguen rindiendo tributo al Maradona que tanto les dio y aquello parecía más Buenos Aires que una ciudad italiana. Fuimos a ver uno de los famosos murales y todo eran camisetas y banderas albicelestes en medio de una celebración que luego se demostraría prematura. Los pocos ánimos que recibíamos, muy efusivos, venían de otros extranjeros.





Estuve en Argentina en diciembre de 2008 y el país me gustó tanto que le dediqué al viaje un blog en exclusiva: Ruta 40. Por eso me ha dolido tanto ver la actitud de los jugadores argentinos, de sus técnicos y de parte de la ciudadanía. Ya contábamos con que jugarían duro, pero es que las entradas eran demasiado fuertes y los árbitros permisivos en exceso. La misma FIFA que no castigó la pancarta de las Malvinas y que eligió el peor césped del torneo para perjudicar a España, nos anuló dos goles, el segundo por claro fuera de juego, pero el primero completamente legal en mi opinión.




DPA via Europa Press Tom Weller/dpa

No contentos con eso, al terminar el encuentro, jugadores y técnicos sudamericanos propinaron empujones y puñetazos a diestro y siniestro, una vez más con el consentimiento de los colegiados. De todo ello hay pruebas documentales que han escandalizado al mundo civilizado, pero se ve que no supieron perder con elegancia frente a una España que les había hecho el pasillo minutos antes, después de un baño futbolísticamente hablando.





Adam Hunger / AP

No en vano, ha sido la segunda final mundialista con mayor diferencia entre los dos equipos contendientes, con una abrumadora ventaja española en todos los lances del juego y lo que más me han repetido mis amigos extranjeros es que fue una victoria muy merecida.

Puede que Mesi haya sido el mejor jugador del mundo, pero como persona y como líder deja bastante que desear. Se le ve caminando a escasos metros de las agresiones sin intervenir, sin separar a sus violentos compañeros, sin decir nada. No me parece que sea ejemplo de nada por mucho que duela perder una final.



Stephanie Scarbrough AP Photo / Stephanie Scarbrough

Las fotos las he sacado de esta página web y de esta otra, mencionando las correspondientes autorías, pero las quitaré encantado si sus dueños así me lo piden. Mientras, confiando en que regrese la cordura por el hemisferio sur, me permito disfrutar de lo que de verdad importa, de nuestra segunda estrella. Si me extendí tanto con la albiceleste es por lo mucho que me han decepcionado. Ojalá recapaciten y vuelvan a tirar de talento en vez de usar la violencia.

martes, 7 de julio de 2026

Antigua fábrica de cerveza Hürlimann

Una bloggera me descubrió este lugar hace unos años a través de Instagram, y claro, tratándose de cervezas y libros, la suerte quedó echada. Convencí a un par de amigos de esos que te acompañan al fin del mundo si hace falta y nos plantamos en Enge, un barrio de Zúrich conocido por su cercanía al lago y por sus numerosos espacios verdes.




La antigua cervecería Hürlimann es ahora un hotel boutique con spa, pero te permiten vagabundear por el salón donde sirven las comidas. Podemos así, desayunar junto a unos 33.000 libros que decoran, del suelo al techo, tres de las paredes bajo unas lámparas fabricadas con botellas de cerveza.

La que llegaría a ser en su mejor época la fábrica de cerveza más grande de Suiza, fue fundada en 1836 por Hans Heinrich H. en Feldbach, a orillas del lago de Zúrich, trasladándose después, en 1866 a Zúrich debido a la falta de conexión ferroviaria. Adquirida por Feldschlösschen en 1996, ésta sería a su vez absobida por el Carlsberg en 2000.







Como hacíamos algunos domingos, la idea era acercarnos a Zúrich para almorzar en la Zeughauskeller, un lugar muy concurrido que no cierra al mediodía y que atrae a turistas y a locales por igual. Sirven cerveza local y un codillo con ensalada de patata para chuparse los dedos.






Pero en Suiza amanece temprano, y yo solía madrugar, aunque fuera fin de semana, de modo que me dio tiempo para hacer unas fotos a las flores que entonces adornaban mi ciudad.






Como siempre, la primavera llegaba con cierto retraso, pero al menos hacía sol.