Descubrí el otro día este librito en casa de unos amigos y quedó inmediatamente requisado para su lectura. Escrito por el propio arqueólogo, nos introduce de manera magistral en el descubrimiento de la tumba de Tutankhamon, y su posterior investigación.

De la misma forma que Carter hubo de reprimir en varias ocasiones su impulso por derribar paredes y descubrir lo que había detrás de ellas, este libro merece una lectura sosegada. Se trata de un relato concienzudo, pero ameno.
No debió ser fácil para él, esperar primero el retorno de su colega, y mantener luego, día tras día, el ritmo lento de cualquier excavación que se precie. Porque la arqueología es por definición un proceso destructivo, y conviene ir documentando paso a paso cada nuevo descubrimiento.
Describe con humor la multitud de visitantes curiosos, a la caza de una foto de recuerdo, a los corresponsales enviados desde todos los rincones del mundo, sin dejar de lado la ingente cantidad de amigos, familiares y aprovechados que inventaban las excusas más peregrinas con tal de ver la tumba.
Nadie que sea ajeno a ese mundo podrá imaginar la ilusión que se siente al abrir un pequeño agujero, introducir una linterna y descubrir todo ese montón de objetos ocultos tras un muro.
La cultura egipcia tiene algo especial que atrae a muchos, y pienso que todos ellos podrían disfrutar con este libro como lo he hecho yo. No obstante, aviso que no se trata de una novela, sino de un libro algo técnico.
Da la casualidad de que se expone ahora en Madrid una réplica de la tumbatal y como fue descubierta. Supongo que es interesante, pero los precios me parecen demasiado elevados y no dispongo de demasiado tiempo. No creo que vaya.