miércoles, 25 de agosto de 2010

Quino

Más de dos millones de páginas en Internet avalan a este genio, nacido en Mendoza en 1932. Hijo de emigrantes andaluces, debería ser Patrimonio de la Humanidad; al menos sus dibujos.

La Red está plagada de referencias a Mafalda, pero he visto pocos homenajes a su creador. No quería dejar pasar la ocasión de darle las gracias por esas horas de diversión que me ha regalado a lo largo de muchos años.

Lumen recoge en un libro todas las tiras publicadas de Mafalda y sus amigos. Es un libro que se puede abrir por cualquier página; leerlo hacia delante o hacia atrás. Pero por encima de todo, hay que releerlo, porque su humor nunca pasa de moda.



El Corazón del Escorpión cumple hoy tres años y no se me ocurre mejor forma de celebrarlo. Muchas gracias a todos los que enriquecéis mi vida con vuestras visitas y comentarios.

jueves, 19 de agosto de 2010

Ni premios ni castigos

En la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias.

Esta frase es de Robert Green Ingersoll, un veterano de la Guerra Civil Estadounidense que vivió entre 1833 y 1899. La leí en uno de esos pps que circulan por la Red y me pareció de lo más actual, quizás porque ando inmerso en un libro que habla de la toma de decisiones en un mundo tan aleatorio como el de las finanzas.

Sin menospreciar la influencia de la suerte que nos toca, que a veces es mucha, creo que en general somos demasiado blandos a la hora de juzgarnos a nosotros mismos, y que echamos la culpa al empedrado cuando en realidad deberíamos hacer una autocrítica más severa: gran parte de lo que nos sucede es la consecuencia de algo que hicimos, o, con más frecuencia, de algo que dejamos de hacer.

jueves, 5 de agosto de 2010

Howard Carter

Descubrí el otro día este librito en casa de unos amigos y quedó inmediatamente requisado para su lectura. Escrito por el propio arqueólogo, nos introduce de manera magistral en el descubrimiento de la tumba de Tutankhamon, y su posterior investigación.


De la misma forma que Carter hubo de reprimir en varias ocasiones su impulso por derribar paredes y descubrir lo que había detrás de ellas, este libro merece una lectura sosegada. Se trata de un relato concienzudo, pero ameno.

No debió ser fácil para él, esperar primero el retorno de su colega, y mantener luego, día tras día, el ritmo lento de cualquier excavación que se precie. Porque la arqueología es por definición un proceso destructivo, y conviene ir documentando paso a paso cada nuevo descubrimiento.

Describe con humor la multitud de visitantes curiosos, a la caza de una foto de recuerdo, a los corresponsales enviados desde todos los rincones del mundo, sin dejar de lado la ingente cantidad de amigos, familiares y aprovechados que inventaban las excusas más peregrinas con tal de ver la tumba.

Nadie que sea ajeno a ese mundo podrá imaginar la ilusión que se siente al abrir un pequeño agujero, introducir una linterna y descubrir todo ese montón de objetos ocultos tras un muro.

La cultura egipcia tiene algo especial que atrae a muchos, y pienso que todos ellos podrían disfrutar con este libro como lo he hecho yo. No obstante, aviso que no se trata de una novela, sino de un libro algo técnico.

Da la casualidad de que se expone ahora en Madrid una réplica de la tumbatal y como fue descubierta. Supongo que es interesante, pero los precios me parecen demasiado elevados y no dispongo de demasiado tiempo. No creo que vaya.