Es el fin de semana anterior a la Semana Santa.
Disfrutamos de buen tiempo y he decidido quedarme en Zug. El sábado salgo a
caminar sin rumbo fijo y al llegar a la altura del casino decido girar a la
izquierda y subir por la colina.
Paso junto al museo de la ciudad, pero no entro, lo
dejo para un día que esté lloviendo.
Sigo ascendiendo, callejeando por lugares que no había
visto hasta ahora a pesar de tenerlos tan cerca.
Una amiga que vive por aquí me ha dicho que los árboles
están preciosos. Lástima que el día se fuese nublando porque la luz suave de la
mañana estaba siendo preciosa.
Exploro nuevos caminos mientras asciendo aún más.
Seguro que por aquí puedo ir hasta Zugerberg, pero eso lo vamos a dejar para otro
día.
Desciendo entonces por calles nuevas, admirando las
casas, cuyos jardines comparten espacio con prados llenos de ovejas y alguna
que otra vaca.
El domingo amanece más soleado y regreso para tomar
fotos nuevas de los árboles, aunque esta primera pertenece a mi recorrido
habitual hacia Obervil.
En algunas granjas venden tulipanes a un franco. Dejas
el dinero en una cajita y cortas tú mismo las flores. Me gustaría saber cuánto
tiempo durarían tulipanes y dinero en España. ¡Qué envidia!.
Lástima que la
buena educación escasee tanto al sur de los Pirineos.
