miércoles, 9 de abril de 2014

Lima 2014

Tercera visita a Perú, esta vez circunscrita a Lima y por motivos de trabajo, sin opción a escaparme ni un minuto. Da gusto ver cómo el país evoluciona y avanza, si bien es cierto que partían desde muy abajo.

Son las seis de la mañana y la ciudad hierve ya de tráfico. El sol lucha con la garúa, que oculta las aguas del Pacífico. Las olas están ahí al lado, con los surfistas de siempre, pero apenas las vemos a pesar de estar tan cerca.







Pescado; atún, boquerones, chita, corvina, calamares, pulpo, gambas y conchitas. Atracón de mar para suplir las carencias gastronómicas de Suiza. Tiraditos, mushiame, pisco sauer y Cuzqueñas. En Perú además de tener buena materia prima la saben cuidar.

Los pelícanos andan cerca, pero parecen bien alimentados.





Una de las cenas fue en un sitio especial, en una carnicería que habilitan todas las noches como restaurante para darse un homenaje carnívoro en la única mesa, la misma que usan a diario para trabajar y en la que caben ocho o diez personas. Nos van sacando todo tipo de carnes, con diferentes cortes y grados de curación. Algunas han estado más de doscientos días en la cámara; otras muchos menos. El color, la textura y el sabor radicalmente diferentes. Carne peruana, Angus y Waygu. No hay platos ni cubiertos, sólo copas de vino.



Embutidos, patés, hamburguesitas, tres tipos de beicon, costillas que se han cocinado durante 18 horas. Tartare, chuleta, otros cortes y carne a la brasa. Otra guisada, plena de sabor. Cuando crees morir vas sólo por la mitad. Palomitas de maíz cocinadas con la grasa de la carne …



Menos mal que el vino acompañaba, especialmente el primero. Pisco de primera calidad para facilitar la digestión. No me extraña que Gastón Acurio le haya dado su visto bueno. El lugar bien merece una visita.

Aquí podéís encontrar más información sobre Renzo Garibaldi y sobre su carnicería, Osso.


A la mañana siguiente a trabajar. Menos mal que somos jóvenes. Estas vistas de la ciudad corresponden al último día.