Era el
último fin de semana de mayo de 2017 y me habían propuesto visitar el Swiss Classic World, una feria de automóviles antiguos que, curiosamente,
solo dura un par de días. La temperatura era muy alta para esa época del año y
se agradecía estar a cubierto, aunque ya en el aparcamiento vimos los primeros
coches interesantes y, muy a nuestro pesar, hubimos de soportar el intenso calor
durante un rato. El monte que vemos al fondo es el Pilatus.
Un
poco más allá, antes incluso de pagar la entrada y acceder al interior, vemos
muchos más modelos que van llegando. Son demasiadas fotos, lo sé, pero es que
el número de vehículos era igualmente grande.
No
habíamos terminado de ver los coches que había fuera cuando seguían llegando
más y más. Encima, tuve la suerte de ir con un amigo que es un fanático y que
conoce hasta el último detalle. ¿Se puede pedir más?
Los
hay de todas las épocas, de diferentes marcas y procedencias, pero todos
comparten dos cosas: el amor de sus dueños por este tipo de clásicos y lo bien
cuidados que están.
Dentro
del complejo hay cuatro grandes salas. En tres de ellas se exponen vehículos
junto a stands de empresas relacionadas con la restauración de estas joyas. No
en vano, muchas de ellas estaban a la venta, eso sí, a unos precios un tanto
elevados.
Después
de que se fundara esta feria en 2014, esta es la tercera ocasión en la que se
exponen los clásicos.
Voy
tan retrasado con las entradas, que se me acumula el trabajo. Os estoy hablando
de la exposición del año pasado y en un par de fines de semana es la del 2018. Confío en
no perdérmela.
En la cuarta sala hay un poco de todo: libros, coches en miniatura, repuestos,
etc.
Lucerna
es el lugar perfecto para este tipo de eventos, pero no es el único en Suiza,
ya que los coleccionistas aprovechan muchos fines de semana, especialmente
cuando hace buen tiempo, para sacarlos a pasear.

































