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miércoles, 13 de septiembre de 2017

Tawhaki

A uno de mis abuelos lo llamaban el comedor de hombres, pero al final resultó que su afición por la carne humana no era tal, lo que provocó un gran disgusto a mi abuela. Fue por eso que lo abandonó sin contemplaciones; eso sí, después de concebir a mi padre y a mi tío.
Son historias un poco truculentas, lo sé, y quizás por ello nunca me había atrevido a ponerlas por escrito. Por eso, y porque siempre creí que mi nombre no llevaba hache intercalada, lo que sin duda dificultó que conociese la historia de mis ancestros.
Ahora, gracias a la Wikipedia y a un libro de George Grey titulado Polynesian Mythology, he podido subsanar el error, averiguando bastante sobre mi propio pasado. Han pasado varios años y ahora hay más información disponible en la Red.
A mi padre, Hema, lo asesinaron los Ponaturi, una tribu enemiga que también había secuestrado a mi madre, Urotonga. Mi hermano Karihi, que moriría más tarde a causa de una mala caída en su intento por llegar al cielo, me ayudó a liberarla mientras los Ponaturi eran exterminados gracias a un engaño hábilmente urdido por nosotros.
Pero no adelantemos acontecimientos, porque todo eso sucedió después de que mis cuñados intentaran matarme. Eran cuatro, aunque solo dos de ellos estuvieron envueltos en el traicionero ataque, que se produjo a la vuelta de una expedición de pesca. Ellos me dieron por muerto y regresaron a la aldea, pero mi primera esposa, Hinepiripiri, sospechó que algo había pasado y salió en mi busca, encontrándome muy malherido.


Si bien en las sociedades modernas occidentales lo habitual es la monogamia, esto no sucedía al otro lado del mundo, de donde yo procedo; así que no os extrañe que una doncella celestial viniera a visitarme por las noches, impresionada por cómo habíamos terminado con los Ponaturi. Se llamaba Tango-tango, y al poco quedó embarazada de la que sería nuestra hija, Arahuta.
Mi segunda esposa me pidió que la bañara al poco de nacer, cosa que hice, pero no terminaba de gustarme su olor, y así se lo dije. Fue un error; Tango-tango, enfadada, se subió entonces al tejado de la casa y se marchó con Arahuta al cielo.
Varios meses después, con la ayuda de mi abuela caníbal, Whaitiri, que era una diosa, subí al cielo a buscarlas, encontrando allí a mis traidores cuñados, que vivían en una aldea. Llevé entonces a mi familia a un lugar elevado e invoqué a mis ancestros celestiales, que provocaron un gran diluvio en el que perecieron todos los seres humanos salvo los de mi estirpe. Esa fue mi terrible venganza por su intento de asesinato.
Desde entonces habito en el cielo a pesar de mi condición semi-humana. Y dicen en la tierra que los truenos y relámpagos son fruto de mis pasos al caminar.

Hace tiempo, en diciembre de 2007, hice una entrada en la que explicaba de dónde procedía el nombre de mi blog, que muchos asocian equivocadamente a mi signo astrológico. Sí, soy escorpión hasta la médula, pero eso no tuvo nada que ver; fue una casualidad, y el nombre lo tomé de una estrella de la constelación de Escorpio también conocida como Antares.
Prometía entonces contaros la historia de Tawaki, cosa que no he hecho hasta ahora, gracias a la insistencia de algunos de vosotros. En realidad no hay un solo relato, sino muchos, porque cada tribu tiene el suyo y no es fácil bucear entre tantos, de ahí todo el galimatías del principio.


Buscaba un alter ego original, sin mucho éxito, hasta que visité una exposición de volcanes en el museo de Ciencias Naturales de Madrid. Investigué en la cultura hawaiana sin que me convencieran los nombres, y sin darme cuenta, llegué a Nueva Zelanda, adonde había viajado un año antes. La información sobre los mitos polinesios era muy escasa, pero el nombre de Tawaki (que descubrí sin hache intercalada) llamó mi atención. Que yo sepa, no hay ninguna imagen suya; la que utilizo es una foto de un recuerdo que traje de las antípodas y que no guarda relación alguna con este semi-dios tan iracundo.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Cumpleaños

Tantas y tantas veces que he visto esta foto, que me la voy a regalar por mi 46 cumpleaños.


2015 se está caracterizando por muchos viajes, aunque más cortos. Llevo ya más de dos años en Suiza y aprovecho para ver sitios de Europa, que me pillan más cerca que cuando vivía en Madrid, porque hay que vivir el momento.

La foto corresponde a una escapada, a una despedida de soltero que hicimos un grupo de amigos el pasado abril. Pretendíamos subir al Nido del Águila también, pero era demasiado pronto y estaba cerrado.

Así es la vida, unas cosas salen y otras no, por eso conviene tener un plan B y disfrutarlo como si fuese el original. En vez del Nido, vimos Salzburgo, y el domingo, el castillo de  Neuschwanstein del que ya os hablaré otro día.

Todo esto para no mencionar que me cae un añito más …


Ahora a disfrutar de los 46.

martes, 25 de agosto de 2015

Aniversario

Hace ocho años que se inició la aventura de este blog, y aunque no suelo hacer este tipo de celebraciones – me gusta más el día a día que las fechas señaladas – voy a hacer una excepción.

La primera entrada hizo referencia a Chema Madoz, un fotógrafo madrileño que admiro, hasta el punto de que tengo todos los libros de sus exposiciones en Madrid, además de algún otro que me han regalado.


La casualidad ha querido que viese su última exposición a principios de julio, poco antes de este cumpleblog, lo que me ha parecido curioso, especialmente porque Madoz no se prodiga mucho. Aquí os dejo algunas de las 120 obras que corresponden al periodo entre 2008 y 2014.





El corazón del escorpión ha sobrevivido a largas jornadas de trabajo, a muchos viajes (laborales y de ocio), a un cambio de residencia incluso, cuando mi trabajo se fue a Suiza y yo corrí detrás.

No sé cómo continuará la historia, ya he dicho antes que soy amigo de dar pasos cortos, lo que sí tengo claro son dos cosas: la primera, que mi ilusión sigue intacta; la segunda, que agradezco enormemente el apoyo recibido y las experiencias compartidas en estos ocho años.