lunes, 1 de marzo de 2010

Boudica

No recuerdo muy bien cómo llegué a saber de la reina de los icenos; creo que me lo comentó un amigo al que le gusta la historia, y que poco después pusieron un documental en la tele, pero no estoy seguro.

Más tarde leí el libro de Graham Webster, de donde he sacado la mayor parte de las ideas para esta entrada. Se trata de un relato muy concienzudo en el que se describe con detalle la arqueología en el Reino Unido y la historia de Boudica, por lo que sólo me atrevo a recomendarlo a los que estén interesados en el tema.


Espero que seáis comprensivos con las fotos, que fueron sacadas con un móvil en vez de con mi cámara habitual. Esta escultura está en Londres, muy cerca del parlamento, y no sé cuántas veces habré pasado, como tantos y tantos turistas, por allí al lado, sin saber de quién se trataba.

Parece que los icenos, que habían llegado desde los actuales Países Bajos, eran uno de los muchos pueblos que buscaron la alianza con Roma en el siglo I. Hay que tener en cuenta que la conquista de Britania fue bastante accidentada, con pocos periodos de paz y con frecuentes rebeliones, fomentadas por unos druidas reacios a asimilar las costumbres romanas. Estos druidas procedían de las clases altas, y eran hombres educados que tenían mucha influencia. No pertenecían a ningún clan, sino que iban de una tribu a otra, gozando de la protección general.

El terreno y el número de efectivos favorecían a los britanos, que con sus tácticas de guerrilla ganaron muchas batallas, pero los romanos contaban con un ejército profesional mucho más ordenado, acostumbrado a largas marchas y con un armamento muy superior.


En aquella época, las alianzas de los romanos con otros pueblos no tenían un carácter hereditario, por lo que a la muerte del marido de Boudica se entendía que todos sus bienes pasarían a formar parte del Imperio. La falta de tacto de los romanos, que consideraban a los britanos como unos bárbaros aún por civilizar, prendió la chispa de la rebelión.

Boudica, cuyo nombre significa victoria, esperaba mejor trato de sus aliados, pero sometida y humillada por estos, consiguió que su pueblo se alzara en armas contra ellos y los tuvo contra las cuerdas, destruyendo tres ciudades romanas, Camolodunum, Londinium y Verulanio (las actuales Colchester, Londres y St Albans), hasta que una suma de errores les precipitó al desastre.


El lugar donde se desarrolló la batalla final está aún por identificar, pero gracias a Tácito se sabe que los romanos, una vez reunidas sus legiones, supieron elegir el emplazamiento con acierto. Protegidos sus flancos por un denso bosque, obligaron a los rebeldes a atacarles en un frente estrecho, mientras su caballería les rodeaba.

De esta forma consiguieron equilibrar las fuerzas, y su mayor disciplina y veteranía hizo el resto. Se estima que 40.000 britanos murieron ese día. No está claro cómo falleció
Boudica, pero si hacemos caso de Tácito, se envenenó para evitar caer prisionera.

lunes, 15 de febrero de 2010

Calentamiento global en NZ

Si no te gusta el resultado o no coincide con tu teoría, siempre puedes cambiar los datos.

Eso es lo que parece haber hecho el Instituto Nacional de Nueva Zelanda para la Investigación del Agua y de la atmósfera.

Como bien dicen en esta página que me ha enviado un amigo, por fin se demuestra que la mano del hombre se esconde tras el progresivo calentamiento global del planeta. Solo que no de la forma en que todos esperábamos. Es una mano que manipula los datos a su conveniencia.

En el primer gráfico, publicado por el instituto en cuestión, podemos ver la evolución de las temperaturas en los últimos 160 años. La línea recta en negro, con una clara pendiente positiva, muestra la tendencia al alza de las temperaturas. Una tendencia bastante acusada, por cierto.


En cambio, este segundo gráfico fue elaborado utilizando las mediciones reales de temperatura de las mismas estaciones, solo que sin manipular. La diferencia es más que significativa, ¿no os parece?


Nada más lejos de mi intención negar la influencia del hombre en el calentamiento global. Eso es indiscutible, pero lo que me cabrea es que nos manipulen de esta manera tan flagrante. Vemos algo en la tele y ya nos lo creemos, sin pararnos a analizar los intereses ocultos que hay detrás de la des-información.


Este tipo de actuaciones son más habituales de lo que pensamos, y es por eso por lo que no veo un telediario desde hace años. Tampoco presto demasiada atención a las noticias de la radio o de los periódicos. Es curioso, pero los que más se extrañan de mi actitud suelen ser también los más crédulos.

El otro día, un amigo me comentó que leía varios periódicos porque temía encerrarse demasiado en sí mismo, perder contacto con la realidad y deshumanizarse ante catástrofes como la reciente de Haití.

En mi opinión, lo uno no quita lo otro. Se puede seguir siendo sensible a las desgracias ajenas, sin que por eso hayamos de rendirnos ante los intereses creados. Prefiero pensar por mí mismo, asumiendo el riesgo de equivocarme, antes que dejarme manipular. Sé que no lo consigo del todo, pero al menos me resisto todo lo que puedo.

lunes, 25 de enero de 2010

Garbo

Hace un par de fines de semana estuve viendo la película, aunque más bien era un documental, sobre Juan Pujol García, un español que trabajó como agente doble en la Segunda Guerra Mundial. Su nombre en clave para los alemanes era Arabel, mientras que los aliados lo conocían como Garbo, por sus dotes como actor.

Su principal hazaña fue convencer a la Alemania nazi de que el desembarco de Normandía se trataba de una mera táctica de diversión para atraer las fuerzas alemanas destacadas en Calais, donde se produciría el verdadero asalto. Lo hizo tan bien que los nazis siguieron confiando en él incluso después de haber perdido la guerra.

Poco se sabe de las inclinaciones políticas de Pujol, que había nacido en Barcelona. Fue reclutado por los Republicanos durante la Guerra Civil, pero sólo se presentó con la intención de cambiarse de bando, protagonizando una anécdota divertida cuando al intentarlo una noche, y después de dar vueltas en círculo, acabó en su propio bando, donde sus intenciones fueron recibidas a tiro limpio. Parece que su afán por combatir a los nazis y a los comunistas enraizó en aquella época.


Ya con la Segunda Guerra Mundial en marcha, se presentó en la embajada británica de Madrid, para ofrecer sus servicios como espía, pero como no le hicieron caso, acudió a la embajada alemana, donde le reclutaron inmediatamente.

Marchó a Lisboa y estuvo allí casi un año, haciendo creer a los alemanes que vivía en Londres, y comenzó a reclutar una red de hasta veintidós agentes falsos, completamente inventados por él y que supuestamente le suministraban la información.

Finalmente, el Mi5, el servicio secreto británico, se fijó en él y comenzó a trabajar para ellos, esta vez ya en Londres.

Comienzan a darse situaciones rocambolescas, como que tuvieran que inventarse que uno de sus falsos agentes había fallecido para justificar la falta de información sobre un convoy. Los alemanes no sólo se lo creyeron, sino que decidieron pasarle una pensión a la viuda.

También resulta curioso que el dinero pagado por los alemanes para financiar su red de agentes, terminara siendo utilizado en operaciones británicas.

Después de la guerra, Pujol se mudó a Venezuela, no sin fabricarse antes una muerte, también ficticia, en Angola.

En general, el documental dirigido por Edmon Roch es muy interesante, y yo sólo le podría un par de peros: en primer lugar, resulta difícil creer que los alemanes fueran tan ingenuos. No se dice nada sobre la información real que se les suministró, pero algo debieron darles para que confiaran tan ciegamente en él. Por otro lado, tampoco cuentan mucho de la vida de Garbo y parece que han rellenado las lagunas con imágenes de películas de espías para alargar la duración del documental. No obstante, las imágenes de archivo son muy buenas, la historia es fascinante, está muy bien documentada y te engancha por completo.