Los que me seguís
habitualmente recordaréis una excursión fallida a Interlaken. Me quedé entonces
con ganas de subir al Jungfrau, pero conseguí desquitarme en Semana Santa.
Aparcamos en
Interlaken Ost, donde nos informaron del recorrido y del precio, unos CHF200. Aquí
se pagan pocos impuestos, pero luego las cosas no son baratas, y los billetes
de tren menos. No obstante, prefiero este sistema al engañabobos del todo
gratis que en realidad está pagado vía deuda o impuestos.
Desde
allí tomamos un tren con destino Kleine Scheidegg, pasando por Lauterbrunnen. El
tren gana enseguida altura y pronto vimos las primeras nieves. Como podéis observar
se trata de un tren cremallera.
En Kleine Scheidegg cambiamos de tren y pasamos a otro
más pequeño que nos llevó hasta la cumbre, que está a 4.158 metros sobre el
nivel del mar. Al principio disfrutamos el paisaje, pero luego un túnel
larguísimo nos privó de las vistas.
Hicimos un par de brevísimas paradas para admirar el
panorama protegidos por gruesos cristales.
Una vez llegamos a lo
que llaman “The Top of Europe”, lo primero que notamos fue la falta de presión.
Estábamos a 3.454 metros de altura, mis pulmones se quejaban y me costaba
respirar.
El tren nos dejó en
un engendro de edificio formado por tiendas de recuerdos y cafeterías de comida
rápida atiborradas de turistas, en su gran mayoría asiáticos. Escapamos como
pudimos y nos asomamos al exterior soportando estoicamente los nueve grados bajo
cero.
Había
muy poca visibilidad.
Regresamos dentro para ver algunas de las atracciones,
como este palacio de hielo en el que hay algunas esculturas y un suelo muy
resbaladizo.
El tiempo mejoró y las nubes se fueron, así que volvimos
a salir. El viento era fuerte y las manos se nos congelaban, pero las vistas merecían
la pena. Poco a poco las nubes se fueron apartando y pudimos admirar las
montañas.
La nieve se acumulaba
en las laderas.
Subimos otros 118 metros, esta vez en un veloz
ascensor hasta el centro de investigación, el punto más alto de la visita, y regresamos
por el mismo túnel por el que habíamos ascendido. En Kleine Scheidegg tomamos
un camino diferente para llegar a Interlaken.
De vuelta al valle
la nieve desaparece y los prados la sustituyen.



























