Continuamos donde lo
dejamos en la entrada anterior, a las puertas del castillo. Es del siglo XIII,
aunque el portal es de 1516 y la forma actual del edificio data de 1755.
Antigua residencia del presidente municipal, hospital, cuartel y prisión en
otros tiempos, en la actualidad alberga la prefectura del distrito de los Tres
Lagos.
A su espalda encontramos
la plaza de los tilos, antigua plaza de armas, desde la que podemos disfrutar
de bonitas vistas del lago al tiempo que reposamos en la sombra.
Muy cerca queda el museo
de Murten, uno de los más antiguos del cantón de Friburgo y ubicado en un
molino. Está dedicado a la historia de la ciudad, pero la entrada era más cara
que mi interés por verlo, de modo que me contenté con echarle un vistazo por
fuera.
Había visto una terraza
en la que comer algo rápido, pero antes quería terminar la visita, así que me
encaminé hacia la muralla, cuyas quince hiladas de piedra inferiores son
anteriores a la fundación de la ciudad en el siglo XII. En cambio, la parte
central fue construida un siglo después, mientras que la superior, en piedra
arenisca, data de 1476. Se puede acceder al camino de ronda y ver la ciudad a
un lado y los campos al otro. Son un total de doce torres las que se asoman a
un foso ahora convertido en jardines.
Aún nos quedan más cosas
por ver, como esta casa llamada Rübenloch, que es una joya del gótico tardío.
Estuvo a punto de ser demolida para conectar dos calles, pero la falta de
medios económicos hizo que se salvara y que podamos disfrutar ahora de sus
curiosas ventanas.
Dejé para el final la
calle principal, con sus arcadas de los siglos XVII y XVIII. Las fachadas son
preciosas y están protegidas por leyes que, por ejemplo, prohíben los letreros
luminosos para preservar la armonía del conjunto.
Por ella pasan modelos
clásicos de coches, desde un Mustang a un Austin-Healey 3000, aunque el más
curioso era este Morgan Three Wheeler. El conductor, muy amable, se detuvo para
que pudiera tirar bien la foto.
He dejado para el final
las fuentes que hay repartidas por la ciudad, que también tienen su propia
historia.
Llevo cuatro años en
Suiza y sigo descubriendo cosas que ver.
























