lunes, 3 de julio de 2017

Murten II

Continuamos donde lo dejamos en la entrada anterior, a las puertas del castillo. Es del siglo XIII, aunque el portal es de 1516 y la forma actual del edificio data de 1755. Antigua residencia del presidente municipal, hospital, cuartel y prisión en otros tiempos, en la actualidad alberga la prefectura del distrito de los Tres Lagos.





A su espalda encontramos la plaza de los tilos, antigua plaza de armas, desde la que podemos disfrutar de bonitas vistas del lago al tiempo que reposamos en la sombra.




Muy cerca queda el museo de Murten, uno de los más antiguos del cantón de Friburgo y ubicado en un molino. Está dedicado a la historia de la ciudad, pero la entrada era más cara que mi interés por verlo, de modo que me contenté con echarle un vistazo por fuera.


Había visto una terraza en la que comer algo rápido, pero antes quería terminar la visita, así que me encaminé hacia la muralla, cuyas quince hiladas de piedra inferiores son anteriores a la fundación de la ciudad en el siglo XII. En cambio, la parte central fue construida un siglo después, mientras que la superior, en piedra arenisca, data de 1476. Se puede acceder al camino de ronda y ver la ciudad a un lado y los campos al otro. Son un total de doce torres las que se asoman a un foso ahora convertido en jardines.





Aún nos quedan más cosas por ver, como esta casa llamada Rübenloch, que es una joya del gótico tardío. Estuvo a punto de ser demolida para conectar dos calles, pero la falta de medios económicos hizo que se salvara y que podamos disfrutar ahora de sus curiosas ventanas.



Dejé para el final la calle principal, con sus arcadas de los siglos XVII y XVIII. Las fachadas son preciosas y están protegidas por leyes que, por ejemplo, prohíben los letreros luminosos para preservar la armonía del conjunto.




Por ella pasan modelos clásicos de coches, desde un Mustang a un Austin-Healey 3000, aunque el más curioso era este Morgan Three Wheeler. El conductor, muy amable, se detuvo para que pudiera tirar bien la foto.





He dejado para el final las fuentes que hay repartidas por la ciudad, que también tienen su propia historia.







Llevo cuatro años en Suiza y sigo descubriendo cosas que ver.