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martes, 9 de noviembre de 2010

La aventura de viajar

Es el título de un libro de Javier Reverte, pero esta vez no lo recomiendo, porque me decepcionó.

Acabo de volver de Tanzania, de un viaje memorable, muy diferente a los que había hecho hasta ahora. Encontramos una gente estupenda, simpática y acogedora; unos paisajes maravillosos y un país más moderno de lo que esperaba.

Ya sé que los turistas vamos a los mejores sitios, pero la impresión general fue muy buena. Todo salió a pedir de boca, tuvimos mucha suerte y nos hemos divertido de lo lindo.




No ha sido un viaje de aventura; esta vez nos lo han dado todo hecho y nos han llevado y traído por el norte de un país que es el doble de grande que España.

La foto del globo es de S.


Partimos con una maleta pequeña – por necesidades del guión – que habíamos llenado de ilusiones para poder traerla repleta de recuerdos. He cambiado unos zapatos que se nacionalizaron tanzanos por unos miles de fotos que ahora tengo que ordenar. Sólo en decidir cuáles borro se me va una eternidad.





Os dejo una pequeña muestra, el resto irán apareciendo en futuras entradas, cuando haya puesto cierto orden.





jueves, 23 de septiembre de 2010

El crucero Aurora

Atracado desde 1944 en el malecón Petrovskaya de San Petersburgo, junto a la academia militar, y convertido en museo en 1957, el buque es hoy un icono de la Revolución de Octubre.

El 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre según el calendario juliano), un disparo de fogueo desde una de sus baterías, marcó a las 9.40 horas el pistoletazo de salida para el asalto al Palacio de Invierno. La Revolución había comenzado.



Este barco de la flota zarista, nombrado en honor de la fragata ¨Aurora¨, que había defendido con heroicidad una ciudad rusa en los tiempos de Guerra de Crimea, participó en 1905 en la batalla de Tsushima, en la guerra ruso-japonesa (1904-1905) y en la Primera Guerra Mundial. Durante la Segunda Guerra Mundial sus cañones fueron desmantelados y utilizados para defender la ciudad de San Petersburgo.


El crucero fue construido en los astilleros de ¨Nuevo Almirantazgo¨ en 1897 y fue botado el 11 de mayo de 1900, recibiendo su bautismo de fuego en la ya referida batalla de Tsusima en la guerra con Japón.

La bandera que podemos ver en las fotos es la de San Andrés, la bandera de Fuerzas Navales de Rusia. En la exposición de este museo flotante, a la que no pude acceder por falta de tiempo, hay más de 500 documentos originales, fotografías y objetos del barco que cuentan su historia.

 
Fuentes:




jueves, 9 de septiembre de 2010

Teotihuacán I

Hace cuatro años, en mi anterior viaje a México hube de anticipar mi regreso y me perdí la visita a este lugar, hueco que he rellenado con creces el pasado mayo.

Había aterrizado a las siete de la mañana (después de un inusual vuelo de 13 horas en el que tuvimos que bajar hasta Canarias para esquivar la nube del volcán islandés Eyjafjalla), y recién llegado al hotel contraté un taxi que me llevara a Teotihuacán.



En realidad, Pablo es mucho más que un taxista, ya que es sociólogo, y tiene amplísimos conocimientos sobre la zona, y sobre antropología mesoamericana. Sus explicaciones fueron, además de amenas, muy interesantes.

Aunque el complejo puede visitarse andando, las distancias son grandes, y como el calor aprieta, conviene disponer de un vehículo. Si además es un guía con experiencia quien nos lleva, entonces podremos ahorrar tiempo y ver más cosas. Os lo recomiendo encarecidamente si vais por México capital.


El lugar en el que fueron hechos los dioses, eso es lo que significa este nombre que a los europeos nos resulta tan extraño. Poco a poco, según van pasando los días, nos iremos haciendo a estos topónimos, aunque nunca sin dificultad. No en vano, son muchos los pueblos y civilizaciones que han ido habitando este territorio a lo largo de los siglos.


Teotihuacán está en un valle, a unos 45km de Ciudad de México y a 2.300 metros de altitud. El complejo es muy extenso, y sólo ha sido excavado un 10%. Se estima que en el periodo Clásico, el de mayor apogeo, la ciudad pudo estar habitada por 200.000 personas, algo completamente inusual en la Europa de aquellas fechas (ss. II-VI).

Espero que el siguiente plano, encontrado en http://www.americas-fr.com/geographie/cartes/teotihuacan.html os sirva para situaros. También he decidido dividir la entrada en varias para no cansaros demasiado.



La línea roja del plano es la llamada Calzada de los Muertos, al final de la cual podemos encontrar la pirámide de la Luna. A medio camino está otra pirámide, más grande, llamada del Sol. Sus nombres proceden de una leyenda, aunque los estudiosos están cada vez más convencidos de que no son los originales. Al sur encontramos la ciudadela y el palacio de Quetzacoatl.


En realidad son pirámides truncadas que albergaban templos dedicados a los dioses en lo más alto. De estos templos, fabricados con materiales perecederos, no queda nada. Las piedras volcánicas con las que fueron construidas son pequeñas, a diferencia de las egipcias. Es fácil reconocer las sucesivas etapas de construcción, y cómo las pirámides fueron creciendo con el paso del tiempo.


La ciudad fue destruida en el siglo VII, sin que se sepan las razones. Parece ser que la tala masiva en los alrededores, para proveer de madera a los fabricantes del estuco que adornaba templos y palacios pudo tener una influencia decisiva en el abandono. Lo cierto es que apenas se sabe algo de sus habitantes.

En próximas entradas nos iremos acercando a los principales monumentos y os contaré más cosas.

miércoles, 2 de junio de 2010

México lindo

He tenido que renunciar a subir las fotos con más resolución, porque me estaba comiendo a marchas forzadas el espacio que nos da Blogger.

El problema es que Photoshop no me deja reducirlas demasiado, y al hacerlo con el Picture Manager de Microsoft Office la temperatura del color aumenta y no me gusta cómo quedan. ¿Cómo las comprimís vosotros?


He estado de vacaciones, revisitando un país que conocí por motivos de trabajo en 2006, retomándolo justo en el punto en el que lo interrumpí entonces.


En aquella ocasión anduve por el norte, por los desérticos estados de Coahuila, Chihuahua, Durango y Zacatecas, así como por la capital federal y su magnífico museo antropológico, donde seis horas parecen un instante.

Esta vez iba en pos de las ruinas prehispánicas y de alguna ciudad colonial. Las primeras me han maravillado, las segundas, reconociendo que son interesantes, me han defraudado un poco.

Comencé por Ciudad de México, para saldar la deuda pendiente con Teotihuacán, y luego continué por Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

Si bien he podido hacerme una idea bastante buena de cómo es el país, es mucho lo que aún me queda por ver. No en vano, son dos millones de kilómetros cuadrados, plagados de paisaje, monumentos, tradiciones y cultura.


Fue ésta una ruta más indígena, visitando pueblos de costumbres sorprendentes para un europeo del siglo XXI. Han sido muchos kilómetros por carreteras llenas de topes (badenes), atravesando varios ecosistemas, disfrutando de la fauna y deteniéndome en cada ruina que mereciera la pena, aunque se me han escapado unas cuantas por falta de tiempo.



He cometido dos errores: ir en mayo, cuando hace un calor de muerte, y hacer demasiados kilómetros. Por lo demás, el viaje ha sido muy interesante y he aprendido mucho sobre los mexica – también llamados aztecas – y los maya.

Cambié el desierto por la selva, el clima seco por una humedad agobiante contra la que sólo se podía luchar bañándose en cascadas y cenotes. A cambio, fuera de temporada, las ruinas estaban casi vacías de turistas.





Como el trabajo conviene tomarlo en pequeñas dosis, me marcho unos días a San Petersburgo. Muy pocos, porque las vacaciones son limitadas. A la vuelta espero asentarme un poco, retomar mis blogs y las visitas, pasar el verano con relativa calma…

Mejor no prometo nada, que me conozco. Nos vemos en unos días.