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lunes, 8 de junio de 2015

El Vasa

En una de mis visitas a Estocolmo, hace tres años, pude sacar algo de tiempo para ver este estupendo museo que os traigo hoy. Me habría gustado visitarlo con más calma, pero no pudo ser porque fue durante un viaje de trabajo. De todas formas, tengo que buscar un fin de semana largo para volver.

El Vasa fue un buque de guerra de la armada sueca que se hundió en el mismo puerto de Estocolmo el 10 de agosto de 1628. No es que navegara mucho; nada más zarpar, un golpe de viento hizo que escorase, y aunque volvió a enderezarse, pocos metros más adelante volvió a escorar. El agua entró rápidamente por las troneras, y el barco, con su velamen desplegado cayó a plomo hasta una profundidad ligeramente superior a los 30 metros.



Se estima que cincuenta personas se ahogaron en el accidente, aunque sólo se han recuperado veintisiete esqueletos.

Después de muchos interrogatorios al capitán, al resto de la tripulación y a los constructores, no se llegó a culpar a nadie. Estos barcos tan altos eran de por sí inestables, y el Vasa, construido con más de mil robles, llevaba además sesenta y cuatro cañones pesados, más de lo habitual. Así pues, el buque sueco más adornado de la época se fue a pique con todas sus tallas, dorados y pinturas.



Suecia, que perdió quince de sus mayores barcos de guerra en apenas cuatro años, los utilizaba para controlar el mar Báltico. Parece ser que la ausencia en estas aguas de un molusco que ataca la madera es la que ha permitido que el barco se conservara tan bien.    



Ya en el mismo siglo XVII se intentó rescatar los valiosos (y pesados) cañones, pero todos los intentos fracasaron. Los buzos bajaban dentro de una campana, pero tenían que soportar las frías aguas, y los cañones pesaban más de una tonelada. También se intentó izar el barco a base de anclas.    




En el siglo XX, el ingeniero Anders Frauzén, un experto sueco en las guerras navales de su país, encontró el buque. Se necesitaron dos años para crear túneles bajo el casco a base de bombear chorros de agua. Y otros dos años para rellenar con tacos de madera los miles de agujeros que habían quedado después de que los clavos se hubieran oxidado.

El Vasa fue llevado entonces a aguas menos profundas, donde fue calafateado con el objeto de preservarlo. El 14 de abril de 1961, 333 años después de su hundimiento, el barco volvía a la superficie y en los primeros días de mayo era capaz de flotar por sí mismo. Casi cuarenta grandes anclas, procedentes de los intentos anteriores de rescate, estaban adheridas al casco.


En la excavación arqueológica que se llevó a cabo en los meses siguientes se encontraron y catalogaron 14.000 objetos. A día de hoy, las labores de conservación siguen su curso. Hay muy poca luz dentro del museo, y se procura que la temperatura sea constante.

*****

Marcho un par de semanas de vacaciones, a Yosemite, Sequoia y San Francisco, destinos que me hacen mucha ilusión. Es el mismo viaje que tuvimos que cancelar el año pasado dos días antes de partir, pero esta vez confío en subirme al avión.

¡Nos vemos pronto!