lunes, 6 de abril de 2015

Garganta del río Aare

Esa mañana la habíamos pasado en el Blausee (ver entrada anterior) y después de comer nos dirigimos hacia la Garganta del Aare, muy cerca de Meiringen, un pueblo que aparece a menudo en nuestras excursiones por estar situado en una zona preciosa de Suiza.

Llegamos ya un poco tarde, y sólo pudimos ver el cañón, por lo que tuvimos que sacrificar la famosa cascada donde Sir Arthur Conan Doyle mató a su archifamoso personaje, Sherlock Holmes. Luego lo hizo resucitar milagrosamente debido a la presión de sus lectores, que solicitaban más aventuras, pero esa es otra historia. La cascada, se llama Reichenbach, por cierto.



El camino, construido en 1887, fue abierto al público un año después, recibiendo 12.000 visitantes. Es muy llano hasta su parte final, donde hay unas escaleras, y permite subir el curso del río a través de túneles y pasarelas, en un recorrido fascinante de kilómetro y medio. También puede hacerse en sentido inverso.    




El agua ha erosionado la piedra caliza a lo largo de los milenios, formando este bonito cañón cuyas paredes llegan en algunos puntos a los doscientos metros de profundidad, aunque lo habitual es que no superen los cincuenta. Sin embargo, apenas un metro las separa en el punto más estrecho.    




Apenas vimos gente en todo el recorrido. También es verdad que el tiempo no acompañaba demasiado.    



En algunos puntos hay que tener cuidado con los golpes en la cabeza, pero el camino es cómodo de recorrer.

Parece increíble que esta zona del centro de Suiza estuviese alguna vez bajo el agua del mar, como evidencian restos fosilizados de coral y conchas. Claro que eso fue en el Cretácico, hace 130 millones de años.

Más recientemente, hasta hace unos 15.000 años, estuvo cubierta de glaciares, los responsables del cañón que disfrutamos hoy día.



En la segunda parte, ya cerca del final, el cañón se ensancha y hay más luz.



Algunas cuevas fueron usadas durante la Segunda Guerra Mundial. Aquí vemos los restos de un puente que cruzaba el río.    


Septiembre ha sido más cálido que julio y agosto, y los árboles aún conservan sus hojas.    







Emprendemos el camino de vuelta un poco contrarreloj porque el sol ya inicia el descenso.