Después de dos Semanas Santas pasadas
por agua, mi insistencia ha tenido premio, ya que el fin de semana del Domingo
de Ramos por fin hizo sol, si bien no en toda Suiza, sí al menos en las
montañas.
El sábado
fuimos al Piz Gloria.
Después
de un invierno menos frío de lo habitual había bastante nieve, pero menos de la
que esperaba. Fuimos tarde y no había tampoco demasiada gente.
De todas
formas, el paisaje, con el Eiger, el
Mönch y el Jungrau en el horizonte sigue siendo espectacular, y el balcón de
suelo transparente continúa excitando nuestros sentidos más primarios.
Ya
conocéis el lugar, porque hablé de él en estas otras entradas, I y II, así que no me extiendo
mucho. Tomamos el segundo funicular, hasta el lugar donde rodaron la película
de James Bond, y, desde allí, gozamos de estas maravillosas vistas de los
Alpes.
El
domingo, volvimos a subirnos a un buen puñado de trenes para acercarnos al
Glaciar Aletsch, que ya os mostré en esta otra entrada. Entonces era al final de
un verano caluroso, y en estas dos fotos se puede apreciar la diferencia. En el
horizonte, más cerca de lo que está en realidad gracias al zoom, encontramos el
Cervino.
Algunos
accesos estaban cerrados y otros sólo eran aptos para los esquiadores, pero la
vista desde el Eggishorn seguía siendo espectacular. El mayor glaciar
continental de Europa, el segundo del continente, nos tuvo ocupados durante
bastante tiempo, hasta que nos sorprendió el último viaje del funicular.
En
septiembre, caminamos hasta esa cruz que aparece ahora casi enterrada en la
nieve.
Son
muchas horas de tren, pero el viaje en sí merece la pena, ya que la sucesión de
lagos, montañas y estaciones de esquí lo hacen muy agradable. La vuelta, ya
oscurecido, es quizás un poco más pesada, pero con estos paisajes cualquiera se
resiste a salir de casa.


















