He regresado a Canadá antes de lo previsto porque la empresa, que debe ser consciente de lo mucho que me falta por aprender, me envió a un curso de liderazgo que tuvo lugar en Toronto el pasado mes de julio.
Nos juntaron por grupos y estuvimos resolviendo casos y más casos durante tres días intensos en los que no pisamos la calle. Eso ha sido lo mejor, conocer a gente inteligente, rebosante de talento y poder enfrentarnos a nuevos retos. Porque la formación ha sido muy americana, eminentemente práctica y muy participativa.
Ésta era la vista desde la habitación de mi hotel a las seis de la mañana.
La primera noche nos habíamos acostado relativamente tarde, sobre las doce, y a las dos horas saltó la alarma antiincendios del hotel. Al principio creí que era la llamada despertador y estuve un buen rato descolgando como un zombi todos los teléfonos de la habitación, hasta que vi que aún era de noche y comprendí de qué se trataba.
Me vestí, cogí el móvil y el pasaporte; abrí la puerta de la habitación y pensé: Tawaki, estás en la planta 25, son las dos de la mañana y te va a llevar un buen rato llegar hasta la calle por las escaleras.
Decidí esperar un poco dentro de la habitación.
Un aviso por megafonía nos informó de que había saltado la alarma en el lobby y de que lo estaban investigando. Me dije que los fuegos no se investigan, sino que se apagan, así que seguí esperando.
Un poco más tarde nos dijeron que se había tratado de una falsa alarma y pudimos volver a dormir.
La misma vista pero al atardecer.