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jueves, 22 de septiembre de 2011

Niagara II

He aprovechado mi reciente visita a Toronto para acercarme de nuevo por Niágara. En esta ocasión tomamos un tren en vez del autobús. Bueno, no era exactamente éste:

Es complicado moverse en transporte público porque no hay demasiadas opciones, así que tuvimos que combinar tren, autobús y coche de San Fernando bajo un calor húmedo algo desagradable y muy pegajoso.

Tenía una espina clavada desde que hace dos años decidiera no subir a la torre. No me explico cómo me pudo suceder algo así, porque tiempo tuve de sobra. Al día siguiente me tiraba de los pelos, pero ya era tarde.



Menos mal que la vida te da a veces una segunda oportunidad y pude enmendar mi error, porque las vistas desde allí son magníficas. Os dejo con unas cuantas fotos.





miércoles, 10 de agosto de 2011

Toronto

He regresado a Canadá antes de lo previsto porque la empresa, que debe ser consciente de lo mucho que me falta por aprender, me envió a un curso de liderazgo que tuvo lugar en Toronto el pasado mes de julio.

Nos juntaron por grupos y estuvimos resolviendo casos y más casos durante tres días intensos en los que no pisamos la calle. Eso ha sido lo mejor, conocer a gente inteligente, rebosante de talento y poder enfrentarnos a nuevos retos. Porque la formación ha sido muy americana, eminentemente práctica y muy participativa.

Ésta era la vista desde la habitación de mi hotel a las seis de la mañana.



La primera noche nos habíamos acostado relativamente tarde, sobre las doce, y a las dos horas saltó la alarma antiincendios del hotel. Al principio creí que era la llamada despertador y estuve un buen rato descolgando como un zombi todos los teléfonos de la habitación, hasta que vi que aún era de noche y comprendí de qué se trataba.

Me vestí, cogí el móvil y el pasaporte; abrí la puerta de la habitación y pensé: Tawaki, estás en la planta 25, son las dos de la mañana y te va a llevar un buen rato llegar hasta la calle por las escaleras.

Decidí esperar un poco dentro de la habitación.

Un aviso por megafonía nos informó de que había saltado la alarma en el lobby y de que lo estaban investigando. Me dije que los fuegos no se investigan, sino que se apagan, así que seguí esperando.

Un poco más tarde nos dijeron que se había tratado de una falsa alarma y pudimos volver a dormir.



La misma vista pero al atardecer.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Niágara

Os debía foto de Niágara desde hace mucho tiempo, pero es que anduve un poco liado este verano.


Aunque lo había organizado para pasar allí un par de días, al final sólo pude estar unas horas y hube de improvisar un poco, así que no salió todo lo bien que esperaba. Apenas había trenes, y los autobuses tampoco eran muy frecuentes. Lo pasé muy bien, pero me quedo con la sensación de no haberlo aprovechado al máximo.

Las cataratas son impresionantes. No se pueden comparar con Iguazú, es cierto, pero el truco está en verlas con ojos nuevos, como si fuese el primer viaje que hacemos.

Cuando se está disfrutando no tiene sentido hacer comparaciones que puedan arruinar el momento. Sólo hay que dejarse llevar. Así que no estoy de acuerdo con todos los que me dijeron que me iban a decepcionar. En absoluto, siempre estoy deseando descubrir lugares nuevos, y por muchos hoteles que hayan construido, a mí me gustaron. Eso sí, reconozco que tenía una ligera idea de lo que me esperaba.

viernes, 24 de julio de 2009

Toronto

Mi segunda visita a Canadá ha servido para confirmar las impresiones de mi anterior viaje: se trata de un gran país en el que no me importaría vivir varios años. Obviamente, no cuentan con la historia de la vieja Europa, y cualquier edificio con más de cien años es considerado una joya, pero sus paisajes son sobrecogedores, la gente es culta, educada y simpática, y sus ciudades son habitables.
Eso de poder coger el periódico en plena calle y pagarlo sin que nadie te vigile me fascina. En España robarían el dinero y le prenderían fuego al quiosco aprovechando el papel. Son detalles como éste los que te dan una idea del ambiente en el que vives y por eso estamos como estamos. ¡Qué envidia de educación!


Tan cerca de los Estados Unidos y tan diferentes, aunque la imagen que algunos pretenden vendernos de los norteamericanos no coincide mucho con lo que se puede experimentar en sus calles. A los españoles nos encanta hablar de lo que no conocemos como si fuésemos expertos; allá cada cual, pero esa es otra historia. Yo lo he pasado en grande a pesar de que fui a trabajar.

Y lo hice en una de las plantas más altas del mayor rascacielos de Canadá, con unas buenas vistas de la ciudad, de los bosques que la rodean y del lago. Una lástima que las fotos sean de móvil.




Toronto me ha sorprendido. Esperaba una ciudad más triste y más gris, pero el verano ha sacado a la gente a la calle, y los patios, que nosotros llamamos terrazas, estaban siempre llenos de gente conversando animadamente. Hay muchos restaurantes con todo tipo de comida, y la carne es excepcional, aunque no llega a la altura de la argentina. Otra cosa es soportar en invierno los treinta grados bajo cero.

He aprovechado para ver a un par de amigos que me han tratado muy bien y para probar unas cuantas cervezas, llegando a solicitar asilo en la Embajada de Irlanda una tarde. No os asustéis, que es el nombre de un pub. En el Beer Bistro tenían una carta con unas ciento treinta.
También hubo ocasión de dar una vuelta por el lago y observar el skyline de la ciudad mientras se ponía el sol.


Y para subir a la torre de comunicaciones, cómo no, con sus suelo transparente.


El fin de semana lo pasé en Niágara. Habrá fotos, pero será otro día.

sábado, 4 de julio de 2009

Viaje a Canadá


Por desgracia, el motivo no tiene nada que ver con la foto, que es de otro viaje anterior. Esta vez marcho a trabajar y no de vacaciones, pero me hace ilusión porque tendré que hacer algo creativo. Analizar problemas, aplicar mi todavía corta experiencia y buscar soluciones en equipo. Crear cosas nuevas, algo que siempre me apasiona, así que agradezco salir por unos días de la burocracia, la rutina y el calor.

Si tengo suerte me escaparé unas horas a Niágara, aunque no quiero hacerme ilusiones ni adelantar acontecimientos. Nos vemos en un par de semanas.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Volver

Foto: Tawaki. Alberta, Canadá 2001

O no volver, esa es la cuestión. Hace pocas noches, charlando con una amiga surgió la pregunta: ¿prefieres volver a un sitio en el que ya estuviste o ver algo nuevo? Hace años en mi empresa tuvimos una secretaria viajera, que muy segura de sí misma me espetó que ella no repetiría hasta conocer todo el mundo.

Porque releer un libro, ver de nuevo aquella película que nos gustó, volver a ese restaurante en el que comimos tan bien, lo hacemos todos sin dudar. A fin de cuentas no hay que invertir demasiado tiempo y así, a cuentagotas, son cosas de las que disfrutamos sin pararnos a pensar.

Pero, ¿hacer un viaje? Un viaje largo, claro, ir a ver a la familia no cuenta. Eso ya es otra cosa. La mayoría de las veces uno quisiera volver, recordar, criticar, enseñar a otro que va con ojos nuevos, redescubrir. La emoción ya no es la misma; el sitio ha cambiado, nosotros somos diferentes.

Por otro lado, es tanto lo que quiero ver. No sé, cada vez que me planteo volver donde lo pasé bien me asalta cierto cargo de conciencia. Es como si traicionara mi espíritu inconformista e inquieto.