jueves, 15 de septiembre de 2022

Estornino de Bali

Se trata de un ave que se encuentra en peligro crítico, algo que desconocía cuando pude verla en el Tropiquarium de Servion este verano. Descubierta para el mundo occidental, en 2018 se estimaba que quedaban menos de cien ejemplares en su hábitat natural: Bali y otras islas de Indonesia. A ellos había que sumar un millar que vivían en cautividad.


El Leucopsar rothschildi fue designado en 1991 como uno de los emblemas de Bali, apareciendo en las monedas de 200 rupias, en un intento por salvarlo de la extinción. La foto la he sacado de la Wikipedia (De Schnobby - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=29162877)


En 2005, se estimaba que los ejemplares salvajes no pasaban de una decena, y es que a pesar de todos los intentos por recuperar la especie, introduciendo animales criados en cautividad, la caza furtiva echa por tierra todo ese esfuerzo. El futuro de este bello animal pasa por el ecoturismo y por la protección de las aldeas junto a las que viven, ya que al haber nacido en cautividad, muchos ejemplares jóvenes vuelven en busca de agua y comida. Se cree, no obstante, que poco a poco conseguirán a criar por su cuenta en estado salvaje.



Mide unos 25 cm y su plumaje es blanco casi por completo, exceptuando las puntas de las alas y de la cola, que son negras. La piel en torno a sus ojos es azul, las patas grisáceas y el pico amarillo.


Vive en las copas de los árboles y solo desciende al suelo para beber agua y para buscar materiales con los que construir un nido donde pondrán dos o tres huevos. Animal gregario, se vuelve más territorial cuando llega el momento de la reproducción.


Se alimenta de frutas, semillas, gusanos e insectos.


En 2011 varios zoológicos europeos donaron 20 ejemplares que fueron emparejados con otros especímenes autóctonos, en un intento desesperado por mantener la diversidad genética.

miércoles, 31 de agosto de 2022

De vuelta

Hace ya bastantes años, cuando era joven y empezaba en este trabajo en el que pronto cumpliré 27 años, mis amigos se sorprendían de que me llevara el ordenador durante las vacaciones; de que respondiera llamadas mientras ellos visitaban algún monumento o recorrían una senda interesante. Fueron muchos los días de fiesta que pasé en la oficina porque el mercado de referencia estaba abierto y alguien tenía que quedarse al pie del cañón. A ello hay que sumar algún fin de semana que otro; no demasiados, la verdad sea dicha, que en eso otros amigos han pringado más.

No lo hacía por gusto, pero sentía que era lo que tocaba, y lo cierto es que no me arrepiento en absoluto, porque ha sido un estilo de vida elegido, no impuesto, y solo por ello ya me considero un privilegiado.


Esos sacrificios, porque en esta vida nada es gratis, me han permitido desarrollar una buena carrera profesional, conocer otros países y hacer amigos de por vida, pero reconozco que también estoy pagando un precio que no todos están dispuestos a asumir.

Pues bien, después de la pandemia, me ha tocado, una vez más, orillar el coche en un área de descanso, remangarme y hacer lo imposible por adaptarme a los nuevos tiempos. Como avisé, están siendo unos meses duros, pero confío en que, como en el pasado, merezcan la pena.

No las tengo todas conmigo, porque queda mucho que remar, pero parece que podré volver a ese mundo bloguero que tanto he echado de menos. Al menos lo voy a intentar.

martes, 31 de agosto de 2021

Una explicación

Os pido disculpas por haber abandonado el blog sin avisar cuando suelo publicar con la precisión de un reloj suizo. Aunque las entradas están escritas desde hace mucho tiempo, entiendo este mundo como una relación biunívoca en el que visitas y comentarios se entrecruzan cabalgando las olas del interés mutuo.



No es, entonces, por falta de material o de ideas, sino por un repentino exceso de trabajo que me ata a las pantallas de un ordenador más tiempo del que me gustaría, lo que me impele a buscar mis ratos de ocio en otras partes alejadas de los pixeles.



Las semanas pasan sin que, de momento, vea un final, porque se avecina un otoño calentito que puede extenderse al primer trimestre de 2022, pero lo cierto es que os echo de menos y confío en regresar lo antes posible. El cuándo es algo que desconozco, por lo que prefiero dejaros avisados para justificar mi ausencia.


Sed buenos, que de ser malo ya me encargo yo.