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sábado, 12 de noviembre de 2022

Un partido de hockey

El Bossard Arena es el estadio de hockey sobre hielo de Zug, y yo vivo a unos diez minutos caminando de allí.




Llevaba ya muchos años queriendo asistir a uno de los partidos, sin importarme cuál fuese, y por fin, en septiembre de 2021 pude acercarme y ver uno. La verdad es que la cosa tiene delito, porque mi empresa es uno de los patrocinadores y te dan entradas gratis si las pides con la suficiente antelación, pero por un motivo u otro, lo pospuse demasiado.







Había mucho ambiente, con una aplastante mayoría de gente joven en las gradas que no paraba de animar. Fue muy divertido, no solo por la alternancia en el marcador, sino porque terminamos ganando en la prórroga al equipo de Ginebra, por lo que pude tomar el pelo a mis amigos de la Suiza francesa.





El equipo de Zug no es gran cosa, aunque han conseguido ganar la liga dos años consecutivos, con celebraciones por todo lo alto. Eso sí, después de 23 largos años.



Lo más curioso es que nadie, absolutamente nadie, llevaba mascarilla. Y es que ya se sabe que los suizos son una raza superior a la que no le afecta la Covid. Eso sí, a la salida, había una ristra de autobuses públicos para llevar a los aficionados a sus casas. Así es Suiza, el país de la organización en el que el Gobierno hace lo que piden sus ciudadanos.

martes, 18 de mayo de 2021

Primavera en Zug

Ya sabemos que la primavera es una de las estaciones más caprichosas, pero eso de tener poco más de diez grados a mitad de mayo es un poco excesivo. Claro, que en un par de ocasiones hemos tenido nieve a estas alturas del año, así que no creo que me pueda quejar demasiado.



Hoy he ido, por vez primera en este 2021 a un restaurante. Caminé bajo un sol espléndido, a la ida y a la vuelta, pero mientras comíamos envueltos en nuestros abrigos, tuvimos una granizada de escándalo. Ya nos avisaron, que llevásemos ropa de abrigo, porque ese viento tan extraño en Zug nos acosa estos meses. Y lo hace hasta picar las aguas del lago.





Claro que el fresco trae sus ventajas, como poder disfrutar de una de las últimas fondues de queso antes de que lleguen los calores. También hubo clases de mus, aunque eso fue otro día.




Y el lago no está siempre enfadado, a veces nos deja disfrutar de los Alpes en el horizonte y de atardeceres preciosos, no por repetidos menos bonitos.







Mi roble sigue en plena forma, cubierto ya de hojas nuevas, y me sigo entreteniendo con las flores que poco a poco van apareciendo, ya sea en días soleados o nublados.












Zug es conocida por sus cerezos, pero este año habían talado mi campo favorito sin que sepa todavía qué van a plantar. Lástima.



Como premio de consolación, los últimos rayos de sol incendian los árboles que hay justo detrás de donde vivo.






Algún viernes han caído unas cuantas cervezas en el lago, pero sigue haciendo demasiado frío, y en cuanto se va el sol, la humedad ataca sin cuartel.




En los días de lluvia, que han sido muchos, tocó improvisar fotos dentro de casa, y me hice con esta estrella particular. Bien podría ser Antares, el astro que da nombre a este blog.



Nos queda pendiente el tema de la vacunación, pero eso da para otra entrada, porque los suizos son muy suyos. Ya os contaré.



Como de costumbre, me quedó muy larga, aunque esta vez hay más fotos que texto. Espero que os hayan gustado.