Hace mucho que debo esta entrada a Pulgacroft, esa chica con cuchillas de afeitar en la cabeza ¿de quién era esta expresión, que no me acuerdo? que nos tiene habituados a su humor inteligente. Es además una gran devoradora de libros y de películas, vicios confesables, que de los otros no nos cuenta nada.
Hórreo en Villa de Sub, a ver cuántos asturianos han subido hasta allí.
Vaya por delante que no puedo ser objetivo, porque trabajo a diario con asturianos, conozco a infinidad de ellos, y al final amistad y vida laboral terminan mezclándose. Con alguna oveja negra me he encontrado, no en vano llevo ya bastantes años, pero son con mucho los menos, y pronto quedan olvidados por la franqueza y simpatía con que se desenvuelven los demás.

Cuando a uno se le acaba Castilla y se topa con las primeras vacas, el paisaje cambia de color, del amarillo y el ocre pasamos al verde de los márgenes de la carretera, al blanco, si es invierno. El horizonte se eleva, se pliega ante nuestros ojos asombrados y el aire se colma de frescor, humedad y olor a mar. Uno se pone de puntillas sobre los Picos de Europa, se asoma al Cantábrico y no puede evitar cierto vértigo, porque el descenso es abrupto como pocos.
Mirador de la Reina. Carretera de los Lagos
Los que llegan en avión descubren un manto verde bajo las nubes, casas desperdigadas por las colinas, viaductos interminables y manchas de bosques y prados. Para ser justos diré que no siempre hay nubes, y que cuando sale el sol es una delicia. Alguna foto puse ya de sus magníficas playas.
Vista desde Somao
Los asturianos son grandones y expansivos, hablan todos a la vez, más alto de lo que están dispuestos a reconocer, de forma atropellada, en una mezcla de español, bable y vete tú a saber qué más, porque hacen falta varias sidras para entenderlo todo. Son francos y extrovertidos.
La Regenta, frente a la Catedral de Oviedo
Son generosos. Acostumbrados como están a devolver a la tierra lo que la tierra les dio, hacen lo mismo con los amigos y conseguir pagar una ronda es una disciplina olímpica donde la lucha por las medallas es reñida. Los precios han subido mucho, pero siguen siendo baratos comparados con Madrid, especialmente si uno se adentra por sus infinitos valles, cosa que recomiendo encarecidamente.
Somiedo, hacia el alto de La Farragona
Saliencia
Las raciones son pantagruélicas, la calidad y la variedad excepcionales, desde un buen virrey al horno, unos bocartes o un pastel de cabracho hasta el cachopo, el chorizo y el churrasco sin olvidarnos de la fabada y el pote, los mariscos y los oricios. La lista es interminable; los quesos también forman parte de mis debilidades, pero cuidado con el Cabrales, que hay mucho listo que da gato por liebre. ¿Se puede pedir más? Unos frixuelos de postre, arroz con leche, carbayones, licor de guindas y un quirós. Si se quedan con hambre es que no están en Asturias. Miren bien el mapa.
Vista desde San Pedro de Arrojo
Bandujo
Mar y montaña repartidos por igual, iglesias primitivas, palacios y casonas, bosque autóctono y plantaciones de eucaliptos invasores. Emigrantes que volvieron y otros a los que aún se les echa en falta.






